viernes, 25 de julio de 2014

ANTÉTITULO: PERFILES
            TÍTULO : Tania Sánchez
            RAMON BELLO SERRANO
            Un humilde acogimiento a lo que ya está bellamente codificado (el idioma y el estilete literario, tal y como lo viera Francisco Umbral) parecía desprenderse de los discursos políticos y en el foro, entonces tan eficaces de Tania Sánchez, la novia de Pablo Iglesias Turrión, en la asamblea de Madrid, de esta  nueva “rusa” de la transición porvenirista, su lenguaje de manos es inquisitivo, está más delgada, ironiza hoy ya muy poco y le está saliendo el cuerno del rinoceronte de Ionesco partiendo a pico su melenita -sólo que la transición que pretende Podemos, es una mezcla antigua del subcomandante Marcos, bañada en cinto populachero y con una bomba bajo el brazo, hecha una ofrenda de cascotes el día que atacaron a la prensa libre, contrapoder legítimo, cuarto estado, el periodismo que alumbró Podemos lo sepultará pronto –tenemos a Pedro Sánchez y a Alberto Garzón preparando los papeles para minorar a Iglesias Turrión (y a la novia)-, nada hay más torpe que atacar a la prensa o quizá sí: querellarse en los tribunales contra el adversario. Perro no come perro. Tania se quedó más acá de las asambleas universitarias –entonces te recitaban, de corrido, a Trotsky, te pasaban, a trasmano, los escritos de Bakunin y veían en Pablo Iglesias un colaboracionista del general Primo de Rivera, y se condolían con el despellejado Nin, y hasta se cuadraban al paso de Enrique Líster- y se dedica, en una especie de vicariato, a resguardar al novio, diácono de nadie sabe qué palabra política, pero diácono brillante, urraca que roba de otros para crear su estilo, sólo que no es el humilde artificio de Umbral, enriqueciéndose y enriqueciéndonos a todos-. De una biografía y estirpe que le redime ya para siempre (los abuelos muertos a tiro sumarísimo de fusil) me entristece de los novios la pobreza del discurso, su inanidad revolucionaria, sus lecciones aplicadas con tanta pereza intelectual y su nula vocación apostólica. Yo esperaba en Tania a la lady Macbteh  de Dmitri Shostakóvich. Umbral la habría jibarizado con alguna que otra mentira –blanca y de humor- a mayor gloria de la mujer soviética.