viernes, 26 de junio de 2015

ANTÉTITULO: PERFILES

            TÍTULO : Carolina Bescansa 

            RAMÓN BELLO SERRANO

         Carolina Bescansa, secretaria de comunicación de Podemos, reproduce los vicios privados de la casta y carga la mano sobre los periodistas londinenses: ha sido una traducción inadecuada y “fuera de contexto”. Errejón, más honrado, ha dicho la verdad: “es una penalidad añadida, ya no hay conflicto –algo que sostuvo siempre algún sector de la magistratura- y la dispersión no tiene sentido” . Yo entendí siempre a Podemos y hoy parece que Podemos pretende no ser entendido. Podemos defendió a Chávez, Correa y Morales, sencillamente por un antiamericanismo no primario y sí militante –algo que Zapatero compartía y ejercitaba mediante sus extravagantes ministros de Estado- y esa fobia se tradujo –y se traduce- en la defensa cerrada de la teocracia iraní. La democracia no era recobrada –la fractura de la legalidad republicana es antinómica de la transición política- y los diversos referenda lo eran viciados de origen. Los profesores, por ello, entienden legítimo servirse de los medios de comunicación (los periodistas son libres de espíritu aunque vienen constreñidos por la patronal, sólo la intervención estatal de los medios aseguraría unos mínimos de calidad democrática) y defienden la discriminación positiva (esto es, la excepción al derecho fundamental a la igualdad) a favor de los lanzados por desahucio y en contra y a costa de la propiedad, como la presunción del derecho del preferentista o del hipotecado, discriminación que habría de afianzarse mediante oficinas de gestión y banca pública dependiente de los votos de ayuntamientos o comunidades autónomas. Hablamos, por ello, de viejas ideas que cristalizaron en los regímenes del socialismo real y en los desastres bolivarianos –y lo viejo y el fracaso dejan en mal lugar la solvencia de Iglesias o de Errejón- y que se parecen mucho a la ultraderecha europea, tal y como repite, todos los días, Felipe González, el gran patriota que necesitaba España en estos tiempos desordenados. Carolina Bescansa defiende a Iglesias de manera impropia. Ese vicariato no enerva la inanidad ideológica de estos discretos profesores. Iglesias no trae palabras ciertas ni curativas. Ni siquiera gargantas contenciosas.

 

viernes, 19 de junio de 2015

ANTETÍTULO: PERFILES TÍTULO: Manuela Carmena RAMÓN BELLO SERRANO Resulta muy sencillo y sufrido escribir y perfilar de Guillermo Zapata, Pablo Soto o de la portavoz del ayuntamiento imputada por el día que, de manera alegórica o vintage, arrasó con la capilla cristiana universitaria. Es sencillo aunque injusto para los votantes del partido de Pablo Iglesias. Los votantes no son responsables (la responsabilidad es personal, de Zapata, Soto o de la portavoz Maestre) y el único politólogo al que cabría hacer un reproche severísimo es a José Luis Rodríguez Zapatero –pues Zapatero fracturó el consenso constitucional, alentó la memoria histórica como litigiosa y beligerante, cuestionó la unidad nacional- que, en definitiva, ha sido el padre permisivo e incapaz que ha conducido a los tristes afanes de Iglesias: el empeño en arrumbar el pacto constitucional, desnaturalizar la democracia, incautarse de los medios de comunicación y cuestionar la aplicación de las leyes. En estos prolegómenos de partido la posición de la alcaldesa Carmena cada día recuerda más a Jeremías en casa del alfarero –Jeremías es Pablo Iglesias que insta a Carmena a volver a empezar en el torno el cacharro que cuestiona y estropea- y su ideario- y su axiología democrática sufre por ello: Carmena sabe que Zapata es un canalla, Soto un voceras y la portavoz Maestre reo de su concepción del negocio público –su imputación la deja fuera de la política y del partido de Carmena. En el mirar está la clave. “Míreme a los ojos mientras le hablo” –le espetaba Hernández Moltó al esposo de la gran Carmen Posadas- y en el mirar de Monedero o Iglesias se columbran dos cañones recortados de la política española. Guillermo Zapata es algodón de azúcar comparado con la jefatura. Manuela Carmena es a título cívico una demócrata irreprochable. Lo fue hasta ayer cuando abdicó por insinuaciones del jefe que lidera a su grupo de concejales –no a ella- y esos borrones no desacreditarán sus muchas cuartillas precisas, elegantes y valerosamente escritas. Pero a Carmena le ha pasado lo que a los comunistas (los de siempre, no éstos) y es que se retestinan en la vejez, de ahí su cooperativa de madres –que no de padres- propia del socialismo real

viernes, 12 de junio de 2015

TÍTULO:  Conchita Pérez

         RAMÓN BELLO SERRANO

         Antaño valía un juramento. Poner a Dios por testigo es palabra de mayor cuantía. La testifical siempre lo era del menesteroso, del iletrado y sin recursos, del hombre que apelaba a lo más sagrado. Era hombre comedido y temeroso –sobre todo era temeroso de Dios- y por ello su juramento, respetuoso para con la ley mosaica, era argumento a tener en cuenta –pero la cuenta era una entre otras, de ordinario la contaduría del poderoso acallaba el juramento- y siempre quedaría en la memoria el afán del hombre que juró para reivindicar su inocencia. Julián Lago inició en la televisión el polígrafo o máquina de la verdad y hoy una señora, Conchita, se dedica a fiscalizar a toda esa fauna televisiva que a mí me fascina. Conchita ha pasado de ser, a su pesar, de una cuenta más en las moralidades de Jorge Javier Vázquez, a ser la cuenta definitoria y definitiva. En la discoteca y a voz en grito injurió a Isabel Pantoja una señora sometida a la jungla de cables de Conchita que se limita a decir: “miente”. Y en otro momento , cuando una tercerista, recién llegada y carne de cañón, defendió que jamás había ofendido a un cantante y que juraba en contra de la máquina,  gritó que “¡el polígono se equivoca!”, pero Conchita, muy serena, decidió rápida: “miente”. Hemos pasado del corazón y sus excesos al metal frío de la máquina. No hace mucho, cuando la gente juraba por cualquier motivo, les aplicaban una reconvención escolástica –a veces la aspereza escolástica, como una lluvia fría de preguntas y respuestas, ahorma el vicio del jurar en vano- y al reconvenirles se confirmaba la gravedad del acto de jurar.  Los Reyes Católicos abrogaron las iglesias juraderas pero conservaron el juramento en los pleitos. Simple o promisorio o de malicia, el juramento ha perdido todo prestigio o consideración: hoy se discute el juramento del obispo sobre el Evangelio o el juramento del soldado sobre la espada. A estas cosas se les llama antigüedades y al juramentado se le mira con más detenimiento, a excepción del juramento amoroso: el juramento de un enamorado no tiene más fuerza que la palabra de un mozo de cervecería. La razón de Shakesperare es hoy la de Conchita.

viernes, 5 de junio de 2015

TÍTULO:  Agustín Pantoja

        RAMÓN BELLO SERRANO

        Asió las riendas desbocadas del caballo, despidió abogados, y es hoy el hacedor del milagro de Isabel. De las muchas cosas que tiene dichas Isabel me quedé un día (uno de esos días luengos que anuncian el verano y que caen a plomo pese a venir avisados) con una frase en la que habló del golpeo –“me golpean sin piedad”-. Yo me recordé entonces (pues ya la vida es recordatorio, anuncio de la fatalidad) que Menéndez Pelayo habló de los espíritus frappants o golpeadores, “pues el diablo puede entrar muchas veces en casas de personas (Cantora) devotas y en monasterios y para inquietarlos hacer ruidos y estruendos, dar golpes en las puertas y en ventanas, tirar piedras, quebrar ollas, platos y escudillas y revolver todas las preseas de casa, sin dejar cosa en su lugar”.  Menéndez Pelayo recoge tal verismo en los libros de Ciruelo, y a mí me parece que el diablo entró en Cantora aupado a la tentación del dinero (una de las tentaciones padecidas por Cristo) que atesoraba don Julián Muñoz, al que Isabel adivinó el rabo, el rabo del diablo. Y en el entretanto y cuando la tentada se inició en los padecimientos nacieron las discordias entre Muñoz y sus letrados y la propia Isabel, regocijándose el infierno, pues desde Luis Vives sabemos eso –que no es poco- que “la discordia es el regocijo del infierno”. ¿Y qué lugar ocupa Agustín? Digo, de antemano, aunque el hermano de Isabel ninguna culpa tiene, que llamarse Agustín lleva una responsabilidad o cuarto voto: pues si Agustín, junto a San Pablo, resultó vendaval (en ocasiones agrios y de beligerancia extrema) para reordenar nuestra civilización, Agustín Pantoja es lo que no fue el santo: es apuesto, tiene presencia, estatura más que notable y un rizo negro que adorna una cabeza parecida al sevillano Trajano –cabeza de imperio; “el imperio de Isabel Pantoja”, que así lo dijo Lauren Postigo desde el Corral de la Pacheca- y que se ha convertido en el habitante perpetuo y vicario de Cantora.  No parece que a Isabel la visitaran en prisión los espíritus golpeadores: contrición, purificación y exorcismos; ramos, candelas y agua bendita, y devoción al ángel custodio. Pedro Ciruelo.