viernes, 19 de junio de 2015

ANTETÍTULO: PERFILES TÍTULO: Manuela Carmena RAMÓN BELLO SERRANO Resulta muy sencillo y sufrido escribir y perfilar de Guillermo Zapata, Pablo Soto o de la portavoz del ayuntamiento imputada por el día que, de manera alegórica o vintage, arrasó con la capilla cristiana universitaria. Es sencillo aunque injusto para los votantes del partido de Pablo Iglesias. Los votantes no son responsables (la responsabilidad es personal, de Zapata, Soto o de la portavoz Maestre) y el único politólogo al que cabría hacer un reproche severísimo es a José Luis Rodríguez Zapatero –pues Zapatero fracturó el consenso constitucional, alentó la memoria histórica como litigiosa y beligerante, cuestionó la unidad nacional- que, en definitiva, ha sido el padre permisivo e incapaz que ha conducido a los tristes afanes de Iglesias: el empeño en arrumbar el pacto constitucional, desnaturalizar la democracia, incautarse de los medios de comunicación y cuestionar la aplicación de las leyes. En estos prolegómenos de partido la posición de la alcaldesa Carmena cada día recuerda más a Jeremías en casa del alfarero –Jeremías es Pablo Iglesias que insta a Carmena a volver a empezar en el torno el cacharro que cuestiona y estropea- y su ideario- y su axiología democrática sufre por ello: Carmena sabe que Zapata es un canalla, Soto un voceras y la portavoz Maestre reo de su concepción del negocio público –su imputación la deja fuera de la política y del partido de Carmena. En el mirar está la clave. “Míreme a los ojos mientras le hablo” –le espetaba Hernández Moltó al esposo de la gran Carmen Posadas- y en el mirar de Monedero o Iglesias se columbran dos cañones recortados de la política española. Guillermo Zapata es algodón de azúcar comparado con la jefatura. Manuela Carmena es a título cívico una demócrata irreprochable. Lo fue hasta ayer cuando abdicó por insinuaciones del jefe que lidera a su grupo de concejales –no a ella- y esos borrones no desacreditarán sus muchas cuartillas precisas, elegantes y valerosamente escritas. Pero a Carmena le ha pasado lo que a los comunistas (los de siempre, no éstos) y es que se retestinan en la vejez, de ahí su cooperativa de madres –que no de padres- propia del socialismo real

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