viernes, 27 de mayo de 2016

ANTETÍTULO: PERFILES

            TÍTULO: CERVANTES

            RAMON BELLO SERRANO

            400 años muerto y un deber engorroso. En el ultraísmo que se predica de este reconocimiento y festejo (más lejos, más lejos) nos hemos ido, todos, al viaje provinciano de entonces, de poetas de farmacia y de tendajo, y al Cervantes, en suma, tan sufrido para los años de Franco. Quisieron buscar los restos de Cervantes y acomodarlos y trasladarlos con honores militares. Todo una copia espuria de la naturalidad republicana (de las letras) con que a Shakespeare se le ha honrado en Gran Bretaña (otro ultraísmo, más allá de Inglaterra, más allá) cuando hemos solicitado, de urgencia, la presencia de Felipe VI en los actos –cualquiera que sea.- Quizá a Cervantes le agradaría que otro Felipe (distinto al Filippo sin segundo de su Numancia) presentara sus autógrafos y cartas al papa peronista, el hombre de ultramar, allá donde Cervantes esperaba destino o merced que jamás llegó. Hoy tampoco ha llegado –merced- a salvo algún artículo magistral a manera de roza entre el yerbajo de oportunistas, aburridos profesores y revistas que apestan a botica, hablemos de los Cuadernos, por ejemplo. Otra vez. Otra vez como asociaciones recreativas, excursionistas del excurso del duelo, también del quebranto, minoremos y ajustemos, al contado, los 400 años de muerte de Cervantes. Estas cosas o se hacen a lo grande o no se hacen. Como España jamás tuvo un presidente cultivado (a excepción de Leopoldo Calvo-Sotelo) era previsible que la funcionalidad de Rajoy confirmaría su interinidad literaria, no sintiéndose invitado al habla –pues no se trataba tanto del fasto como de hablar de Cervantes con la naturalidad y pasión que lo hizo Fernando del Paso, naturalidad, navegación de cabotaje por entre los apasionados puertos por donde transita el flujo de los deudores de Cervantes.- Vamos desatando, alegres, el nudo de la deuda cervantina (no el nudo del que Virgilio habla en la Comedia, pero al punto Virgilio: «Yo he leído en Virgilio aquello del Paladión de Troya») aunque huyamos de ese deber engorroso y de engrudo en que se ha convertido esta celebración impostada y de pega. Polidorio Virgilio. Pronto. Que acaben pronto estos 400 años de caspa.

         

 

Ramón Bello Serrano
ABOGADO (col. 2142)
MEDIADOR CIVIL Y MERCANTIL (3401569)
MEDIADOR SANITARIO
HABILITADO DEL TRIBUNAL ECLESIÁSTICO

Fax : 967 52 18 24 
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viernes, 20 de mayo de 2016

ANTETÍTULO: PERFILES

TÍTULO: Achab

RAMÓN BELLO SERRANO

Los actores Alberto San Juan y Gloria Muñoz salieron en defensa de Teatro del Barrio y representaron hace bien poco (no de forma novedosa) el ahorcamiento del juez, el apuñalamiento de un policía, la violación de una monja, posteriormente rematada con un crucifijo y alzaron la misma pancarta que Teatro del Barrio exhibió al familiar público madrileño enalteciendo la actividad (menos novedosa todavía) que el terror procura en la sociedad civil. San Juan y Muñoz creen –como yo- excesiva la prisión provisional de sus compañeros y están dispuestos –yo también- a dar batalla por la libertad de expresión, oponerse –al igual que yo- a los delitos de opinión y a que nos regulemos todos (aquí ya los actores hacen rancho aparte) con la intervención mínima de la legislación penal. Lo de la monja es una batalla doblada de batalla que recuerda (no hay novedad) horrores donde, no de manera simbólica, se pasó del dicho al hecho. En todo caso forzar a una mujer y que siendo forzada lo sea en violentar su voto entregado y ajusticiarla con la cruz deja un regusto amargo.  Al juez le dieron cuerda, la lengua tapona la faringe, el aire no pasa –pero no sabemos si el ahorcado es azul o blanco, si el nudo es lateral u ordinario.- Y al policía es obvio que el puñal rodea a la muerte y que la causa de la muerte, pensaría (y acertaría) la monja violada, necesita del permiso de Él que decreta y ordena. Y por ello –resumiría un musulmán ortodoxo- el luchador atesora el coraje y la tranquilidad que hace indiscutible el precepto de la yihad –precepto de suficiencia y no obligacional de cada uno. Y aventurado será ahondar en la entraña de la antaño bestia y que orla la pancarta –el nacionalismo catalán ha proveído a favor del derecho a la opinión de Otegi- que San Juan y Marco han empuñado no ya para el público infantil, para todo el público y para el público avisado por el juez Ismael Moreno (<<Llamadme Ismael>>) con modo solidario de avivar el respeto debido al Teatro, que va más allá del Teatro del Barrio. Alzaron el crucifijo como Achab descargó el arpón: con odio, venganza e ira.

sábado, 14 de mayo de 2016

ANTETÍTULO: PERFILES

TÍTULO: Los Alcántara

RAMÓN BELLO SERRANO

La corrupción moral de los Alcántara o de los hermanos Almodóvar va más allá que otras corrupciones, quizá por sorprendente la del matrimonio e inesperada la de los hermanos. Hay canales de televisión especializados en la corrupción moral. Seleccionan a sus oficiantes corruptos, designan un vicariato de distintas sensibilidades (hay corruptos de desmedida grosería y otros de inteligencia notable para glosar y alimentar el escándalo y desmotivarlo del reproche moral) y presentan una cuenta de resultados formidable. Como yo creo en la libertad de expresión (cuarto estado) y no soy comunista (otra corrupción moral)  prefiero el gozo corrupto de Jorge Javier al corrupto que le paga, como prefiero al corrupto Garzón (capaz de aceptar el troceo de España cuando el comunismo es por naturaleza ferozmente centralista) al pobre Cayo Lara –yo sabía, ay, cómo acabaría Cayo y su diente ambarino o de sarro-. ¿Es la indulgencia una forma corrupta para tratar la corrupción de los hermanos Almodóvar? Yo creo que no. Pero creo que sí sería corrupta la benevolencia para con el matrimonio Alcántara –eran ejemplares, como siempre fue la clase media española, honrados, de pocas travesuras y radicalmente morales- por cuanto eran una protesta eficaz (por su propia presencia) frente a la moral corrompida que se enseña y cala como lluvia fina. La corrupción moral de Agustín y Pedro (capitalizar la ganancia fuera de España) o la de Alberto (asumir que podrían independizarse, de fuerza, catalanes y “otras comunidades”, como si la diferencia y el privilegio pudiese defenderse desde Mundo Obrero) puede aceptarse como labilidad moral –también es lábil la presidencia de Rajoy, además de vieja, pero la inmoralidad que sufre no es categórica o de naturaleza- pero es inaceptable en los Alcántara. Los Alcántara van más allá que Imanol y Ana, pero Ana e Imanol, en cada capítulo, los Alcántara, transitan el descrédito moral y su peripecia (también la pasada) está manchada ya para siempre. A no ser. A no ser que el gran guionista baraje ya un accidente, una tragedia inesperada, una redención ultimísima capaz de deslindarlos de los Almodóvar. Un milagro.

viernes, 6 de mayo de 2016

ANTETÍTULO: PERFILES

TÍTULO: Eduardo Madina

RAMÓN BELLO SERRANO

El populismo domina el mundo. Resiste, como siempre, Inglaterra. El patriciado republicano asiste a la insólita nominación de Donald Trump –en Francia sigue arriba, en intención de voto, el Frente Nacional- que es un millonario que parece llevar una ensaimada en la cabeza, como el general de Chesterton que acabó por comerse el sombrero al perder una apuesta –Cuentos del arco largo-. Dos columnas soportan el peso de la civilización judeocristiana (una de ellas vive ya en el peronismo, que es una depuradísima manera o moralidad populista) que están minadas, como el bastón que sostenía a Salomón, y todo es arrumbe, lo viejo pervierte, llamándose nuevo. Tiene razón Llamazares. Iglesias dice que Llamazares es el pasado y Alberto Garzón el futuro. Llamazares no sabe (nosotros tampoco) cómo parar la revolución cultural de los profesores –a él, a Gaspar, le han dado una escoba, y los estudiantes le han puesto orejas de burro- y el patriotismo de Felipe González lo ha retomado Eduardo Madina publicando una requisitoria brillante que empieza así: “Vi las mejores mentes de mi generación…” y que termina forzosamente en contra del “sector altamente especializado en señalar todo lo que hicieron mal los arquitectos del escenario actual”. Pedro Sánchez acaba de confirmar a Madina en un puesto imposible, desoyendo à la presidenta andaluza –en esto acierta, Madina, tras el hundimiento, es su recambio en San Jerónimo, prepara el relevo, es incómodo y desprecia a Iglesias, al que niega estatura- y Sánchez se ha sentado (quizá no lo sabe) al pupitre y toma notas esforzadas –Llamazares está en una esquina, brazos en cruz, sufriendo castigos, está a dos minutos de ser purgado, acusado de ser casta-. Lo de Madina es una alegoría impotente del cuanto peor mejor. El pueblo quiere auténticos tribunos de la plebe –Augusto sólo ostentó esa precisa magistratura: el poder tribunicio y su veto para escarnio de republicanos- y el éxito de Trump, la marea sostenida del FPÖ en Austria o los palmetazos de Iglesias, merecerían, al menos, una reprensión de desudada aspereza por parte de la primera y antiquísima columna, que hoy vende peronismo. Y humo.