ANTÉTITULO: PERFILES
TÍTULO: Javier Navarro
RAMÓN BELLO SERRANO
Juan Ramírez de Lucas y yo nos parábamos, en la acera del Milán, y nos decíamos lo mismo: <<Juan, tu colección de Arte Popular y el Museo Municipal debieron ser la misma cosa, excluyendo lo otro>> –no le pregunté yo la indemnización que cobraba por lo donado. <<Tengo que invitaros a una merienda, en el Toscana, en el Toscana>> –murió Juan y cerró el Toscana.- Juan, ya muy delgado, parecía esculpir cuadrantes a la antigua –como dice el Enrique VI de Shakespeare.- Poco que ver condon Javier Navarro, que remueve la tierra con una pala enorme, buscando los restos de Lorca –naturalmente en contra de la familia Lorca- y gasta una frente basta, patillas mal recortadas y una mirada forense, además de parecer llevar el casco siempre puesto a todo sitio –le cae bien el casco, como una grapa del 27.- He recordado a Juan a propósito del afán –el festín de Baltasar (G)- y a Lorca. (Heterodoxo, supersticioso y católico, todo a un tiempo y de una vez, como de forma precisa lo plasmó Miguel García Posada, los peces, los colores, la vida de ultratumba, voz devota, pero nunca malvada, como un Valle herético y de liturgia clara, primitivo al tiempo, melancolía del amor y la muerte, Lorca es, seguro, el whisky de Pepín Bello, el trueno de Calanda, la paranoia daliniana, el carboncillo de Palencia, aunque de forma tribal y primerísima, la luna, el agua, la eterna farmacia de las flores, como los niños de Calabria, que nadan antes que andan, Lorca, nacido gótico acabó románico, puro, inmutable y jeroglífico del sur, como una pagoda inviolable, violada todos los días desde Víznar, la voz de los metales, la voz de la plata, nuestro zaquizamí oculto, colombino, doméstico, nunca áspero, como el alejandrino clásico, pasando, con gracia y sin trabajo, las duras aduanas coloniales de antaño, para restar quedo y vivo, esbelto, casi temblando de luz). Y yo siempre le decía: <<Juan lo mejor del Museo, la colección y Gallardo, de lo demás piedad>> -y yo me decía: piedad, sí, pero nociva.- Espero que el desenterrador yerre con la pala. Al pasar por Milán siempre recuerdo a Juan. Los dos éramos premio Graciano de periodismo. Y de merendar.