ANTÉTITULO: PERFILES
TÍTULO: José Ángel Tendero
RAMÓN BELLO SERRANO
El día que llegué al gimnasio Palas José Ángel Tendero no me dijo muchas cosas, no me habló de sus licenciaturas y cursos, tampoco de su historial deportivo, menos aún de sus devociones presentes o que podría, legalmente, pilotar un avión –eso lo supe luego-. Entré como un tanque, de hábitos podrido, no podía anudarme los cordones del zapato, la cara como una torta o pan de pueblo, entré, en fin, con un mar de prejuicios, casi como un deber penoso, la papada o doble mentón como bandera y un roto del forro del abrigo. Entré como muchos (al menos yo procuré hacerlo con humildad y buen tono) y me ocurre como a otros muchos: ya no quiero irme. Me subió a una bicicleta elíptica y yo no sabía que, ya de entrada, me estaba dando cuartel y vivac amistoso –sólo que la amistad del otro siempre hay que ganarla, con reciprocidad y dando la talla, y vengo esforzándome en ello, le tengo ley a José Ángel.- Entré al Palas de la mano de mi mujer y pasados unos años me parece estar en mi propia casa. En el entretanto llevé los trajes a la modista y a coser el desgarrado forro del abrigo. Se acabó la beligerancia del zapato y la cara se me apaisó un tanto. Desde Primitiva (es la elíptica más dura, yo le puse el nombre, los imanes más reforzados y severos, la saludo antes de hacerle cuatro vueltas al programa) observo, a diario, el ir y venir de José Ángel, cómo va motivando a sus alumnos, cómo dispone según las edades de unos y otros y, en general, toda esa disciplina amable que provoca el buen humor –y eso es valioso y mucho.- El tiempo que siempre es litigioso (no hay tiempo o no lo tengo o no puedo darle más tiempo o emplearlo como yo quisiera –nos decimos) parece aquilatarse de otra manera en la ordenada forma en que José Ángel va limando aquí un defecto, allá una mala postura, acá un esfuerzo de mérito y quizá un elogio. Y en ese tiempo uno va religándose en su propio horario, recreciéndose con gente amiga, y en ocasiones recuerda aquel primer día en que llegó con un abrigo descosido, el zapato desatado y pareciéndole que José Ángel Tendero le despacharía con una indicación sumaria y breve. Feliz cumpleaños, tío.