viernes, 26 de septiembre de 2014
viernes, 12 de septiembre de 2014
ANTÉTITULO: PERFILES TÍTULO : Cristóbal Montoro RAMÓN BELLO SERRANO Entonces amagó la carta. Era la carta de Urías. Podía haber sido otra cosa. Carta blanca, de confirmación o privilegio, de estilo o crediticia, previa o de amparo, de hermandad o emplazamiento, de horro o naturaleza, lo que fuera, pero yo sabía que la carta (des)conocida de Pujol era la carta de Urías. Sabíamos. Creíamos. Creímos que el nacionalismo catalán era el moderantismo y que todo nuestro ejercicio de liberalidad era ejemplo colectivo y afanoso (nuestro y suyo) para frenar al otro, al otro ismo, entonces un oleaje de pistolas y de caras de Mondragón, caras que daban miedo. Cristóbal Montoro y su perfil de cabra herida, tantas veces preterido, hizo bien en atizarle al esguince del viejo. Tenemos y tuvimos siempre derecho. Nadie es que más que nadie. La ley es la ley. Todo desprecio es (fasc)ismo. De la opinión hay que salvar a Felipe González. Quizá el respiro sea decisorio para aserenar Cataluña. En España ya sólo hay dos políticos: Rajoy y González- que siempre lo ha sido de Estado.- Iglesias es la checa a la que Felipe ha comparado con la ultraderecha francesa o griega, también con el movimiento de Beppe Grillo –pero esta última mención es dolosa para remarcar la comparación primera.- Alfonso Guerra derramó desprecio encima del comisario Monedero, para quién todos somos amigos del sabotaje. Cayo Lara (ay) acaba de rendirse a Podemos tras perder(se) cientos de miles de votos. Su contribución a la política ha sido la de tutear a Juan Carlos, asistir a los plenos sin ducharse, y hundir a los últimos y decentes comunistas de España –el médico Llamazares debe estar gozando el plato frío.- Y entonces llegó Montoro. El ministro ha engordado y su perfil de cabrita herida –como su hablar a grititos- se transfiguró en la dureza del magistrado. Sabíamos. Creíamos. Yo sabía. Montoro llevaba una tormenta de cuentas andaluza, cartas avisadas, esquelas, concisas cartas y terminantes, un salivazo merecido a los que nos deslomaban –piensa Montoro- con la impunidad del señorito. En su cartera llevaba la carta verdadera y última: la carta del adúltero enviando a sus nacionales para orillar su conducta. La de Urías.
viernes, 5 de septiembre de 2014
ANTÉTITULO: PERFILES
TÍTULO : Ursula von der Leyen
RAMÓN BELLO SERRANO
El mentón abandonado aunque atento al rito –propiciatorio- y, como un orgullo piadoso y duro, el traje de chaqueta es negro y resalta, también propicia, como sueño leve y desmemoriado, el estilo y junco de la ministro de la Guerra alemana. Todo está aquí, no hay nada que añadir. Al frente ruso en Ucrania, la canciller, que habla en rusocon Puttin y que quizá sea la mejor estadista europea de nuestro tiempo, ha movido el peón de siempre, la Polonia alemana, un polaco al frente de la Unión Europea. Hace pocos años, por sentido del honor, la Alemania reunificada saldaba las reparaciones de la Gran Guerra –Merkel corregía así los infundios de Hindenburg y Ludendorff- y, de repente, la historia, como una condena moral, se demanda y contesta de manera natural. ¿Qué impide, una vez aceptada la reunificación, que la república más poderosa de Europa, disponga de un ejército disuasorio para hacer frente a la bota rusa? La ministra von der Leyen, siguiendo órdenes de su canciller, ha rearmado al pueblo kurdo, ha decidido no intervenir en Siria y ha facilitado armamento a Israel. Alemania hace política que se compadece mal con su ejército de 180.000 soldados. Puttin tiene detrás a6.000.000. Obama le parece a Wilson (solamente amaga, no por debilidad) y Francia dejó de ser Francia a la muerte de Clemenceau. Europa ha vuelto a su sitio. Ha trazado la línea de siempre, la de Varsovia, y la libra inglesa es –naturalmente- más que un capricho –quizá sea una obligación, insolidaria y despectiva, pero obligación nacional-. La ministro von der Leyen carece de flota –sus manos son breves y blancas- y cree no deber soportar la dependencia extranjera –la flota atlántica es blanda y aristocráticamente blanca, como Obama, de respuesta fácil-. La canciller tiene la voz delgada y cortante - y el orgullo paciente.- Se presentó a Puttin como una tempestad de ceniza. El ruso pasa con la cabeza alta y la mirada fija –con una tensión de lejanía.-Merkel soportó la ocupación rusa hasta que Alemania se recompuso. La historia juega (o no) con dados trucados. Merkel acaba de enviar armas a Irak. Le debemos diez años de paz y seguridad.