ANTÉTITULO: PERFILES
TÍTULO: Rita Maestre
RAMÓN BELLO SERRANO
Llegaron a la Carrera de San Jerónimo acompañados de charangas, descorbatados y sin afeitar, plantando cara a la liturgia, faltándose y faltándonos el respeto. No quiero golfos ni aprovechados pero quiero que el diputado que me representa no aparezca en la boda de mi hija en camiseta ni que asista a mi entierro destetándose y tampoco quiero que se rían abiertamente de su proceder –pues esa risa siempre es a la contra, siempre es contra algo o alguien. No me gustan los privilegiados pero admiro a los antiguos y solemnes magistrados, austeros y ordenados en su vida de privados, pues su solemnidad es la mía propia, y al togarse remanecemos en las libertades que todos nos otorgamos en el milagro cívico de la transición española. Los grandes republicanos serían incapaces de vejar a su anfitrión, tal y como hace Alberto Garzón, el hombre que junto a Lara trata al rey como ciudadano Borbón –hundieron el viejo caserón del comunismo español y pasean sus dos escaños sin atisbo de vergüenza ni ánimo de enmienda.- Quiero que mi presidente del Gobierno sea honrado, pero no deseo que venga a saludarme con una lata de anchoas en la mano bajándose de un coche de alquiler. No concibo que quien preside el Tribunal Supremo deba despachar en clase turista sus complejos asuntos, por cuanto sus complejos asuntos son los míos y merecen el sosiego necesario, además de un buen y cómodo respaldo. Aquellos que no creen son los más respetuosos con el culto porque saben que la caridad supone el trato para con el otro evitando las aristas y aquello que pudiere incomodar su más íntima creencia –qué lejos están de Rita Maestre, asaltando la capilla de la Complutense y desnudándose, como los rientes, a la contra y contra alguien. No pretendo que me cedan la acera de viejo y me conformo con que la meona de Ada Colau me salpique sólo un poco. Las formas son el fondo. Jamás perdieron las formas los viejos comunistas y los anarquistas cerraban las tabernas los días de huelga para ir a la lucha en camisa de domingo y sobrios. Todavía quedan señores en la política capaces de juramentarse frente a la penuria de verdades y la unanimidad del error.
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