viernes, 7 de noviembre de 2014

​ANTÉTITULO: PERFILES
​TÍTULO: Isabel Pantoja
​RAMÓN BELLO SERRANO
​Isabel Pantoja se ofrece a la justicia en holocausto: el arqueo y recaudación de sus conciertos. Toda ella. Por entero. Niña Isabel. Así le llamaba Lauren Postigo, el grande –dejó novela póstuma y viuda sufriente.- Isabel, de camino a la ciudad doliente, se va entre la gente perdida que oye su canto, mezclada con el odioso coro (el matrimonio Muñoz Zaldívar) y hablándole a la prensa de cosas que es bueno callar, como bueno era hablar de ellas entonces –al inicio del pleito- y no ahora, despeñándose al cuarto foso. Isabel es el pecado doblado del pecado capital de la soberbia, de tan común insoportable. Muñoz la besó temblando en la boca, en la aldea del Rocío, y pasado el tiempo, cuando a la fuerza ahorcan, va ofreciendo dinero, de futuro, simonía de corrala, se pasó en la apuesta, fue imprudente, no supo levantar el campo y ofrecer combate, no es capitana de nada Isabel, prestando su persona, que mejora su voz y avecinda sus cantares, su presencia dada a la justicia en prenda, como un sacrificio en derrota, prevaliendo la angustia frente al ánimo, creyéndose poseedora de derechos, olvidando que a una petición justa (la suspensión de la condena) se ha de contestar con obras y en silencio. La Zaldívar espera. Como en otro canto (el del Infierno) espera avisada de quelidras, quién mejor que la Pantoja encerrada en la panza del toro de Falario para curar su fiebre de soberbia, derrotada y obligada a los amargos pasos. Dinos, Isabel, tú que lo sabes: ¿qué sabor tiene el oro? Cómo el destello del crisólito –Ez,10.- El oro fácil de Julián, no el oro sudado del concierto, el oro ebrio del grifo y jamás el oro honesto y grave, el oro cohechado, no el confesado y convencido de afanes. Dinos, Isabel, tú que lo sabes. Y tú te dices: si la buena voluntad persevera, <<por qué razón la violencia de los demás acorta la medida de mi mérito>>, la continencia es hoy ya para siempre un camino espléndido, sólo pido lo que todo el mundo tiene, aquí están los contratos y el lucro del mañana. Y no comprende (o sí) que está en la tripa del toro de bronce pronta al laberinto de Hampton, comprando su pleito en un golpe de melena.

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