viernes, 14 de noviembre de 2014

 

 

ANTÉTITULO: PERFILES

TÍTULO: José Antonio Monago

RAMÓN BELLO SERRANO

Apaleados e indefensos. Desencantados y burlados. Fue por el tiempo del apoyo al muerto de Extremadura. El señor Monago, campeón de campeones, facturaba al tesoro una treintena de vuelos para ver a su novia y había que verle allí, muerto y jaleado, tras incurrir en testimonio falso. El bombero muerto sigue gobernando pese a que busque entierro pronto –nada hay peor que creer vivo a un muerto y recordarle, todos los días, los viajes a cargo de nuestros impuestos, aquellos que el otro prometió abrogar en campaña- y fue entonces cuando llegó el hombre para decir y decirnos: mañana vuelo a Australia, pero a otro viaje distinto, a decir que somos los únicos que crecemos. Fue por el tiempo –ya está dicho- en que un jugador de fortuna, se levantó de la mesa con nuestro honor y dinero. Y al tiempo que reía (y gozaba) usted y yo bajábamos la cabeza, en signo de impotencia, abandonados y burlados –y esa noche nos acostamos temprano: apaleados y prófugos.- Sin atriles (calla, calla) dijo que la consulta había sido un fracaso. Pero cuando pasó de las verdades simples a las compuestas –a la exhortación- bastaba con observar la cara feliz de Mas y la nuestra –la nuestra era desencajada y corrida- y el festejo que montaron en torno al Monago amante, para comprender (no lo digas, no lo digas) que la consulta había sido un éxito y que frente al éxito del otro, balbuceaban, amagaban con la fiscalía y, al final, ponían cara alegre a las pavorosas advertencias del triunfador. Sólo un peruano tuvo el arrojo de repetirse: el nacionalismo sólo trae ruina y violencia. Es capaz, es ilusión, es fiable, es cambio, es sentido común, es urgente, es concordia, es fuerte, es bueno, es necesario, es sincero –puede leerse en su página rajoy.es.- Los radicales (Rosa Díez, Albert Rivera) le pusieron una querella –radical es el radicalmente constitucional y, por ello, siempre es molesto- que desestimaron bien pronto: capaz, fiable y bueno. Y yo no tuve el valor, hasta hoy, en decirle a Rajoy que vivo burlado por un jugador de casino, que nos levantó la honra y el dinero con unas cajas de cartón y una baraja marcada. La manos las repartía un tipo con barba tocado con una manguera. La de Monago.

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