ANTETÍTULO: PERFILES
TÍTULO: Achab
RAMÓN BELLO SERRANO
Los actores Alberto San Juan y Gloria Muñoz salieron en defensa de Teatro del Barrio y representaron hace bien poco (no de forma novedosa) el ahorcamiento del juez, el apuñalamiento de un policía, la violación de una monja, posteriormente rematada con un crucifijo y alzaron la misma pancarta que Teatro del Barrio exhibió al familiar público madrileño enalteciendo la actividad (menos novedosa todavía) que el terror procura en la sociedad civil. San Juan y Muñoz creen –como yo- excesiva la prisión provisional de sus compañeros y están dispuestos –yo también- a dar batalla por la libertad de expresión, oponerse –al igual que yo- a los delitos de opinión y a que nos regulemos todos (aquí ya los actores hacen rancho aparte) con la intervención mínima de la legislación penal. Lo de la monja es una batalla doblada de batalla que recuerda (no hay novedad) horrores donde, no de manera simbólica, se pasó del dicho al hecho. En todo caso forzar a una mujer y que siendo forzada lo sea en violentar su voto entregado y ajusticiarla con la cruz deja un regusto amargo. Al juez le dieron cuerda, la lengua tapona la faringe, el aire no pasa –pero no sabemos si el ahorcado es azul o blanco, si el nudo es lateral u ordinario.- Y al policía es obvio que el puñal rodea a la muerte y que la causa de la muerte, pensaría (y acertaría) la monja violada, necesita del permiso de Él que decreta y ordena. Y por ello –resumiría un musulmán ortodoxo- el luchador atesora el coraje y la tranquilidad que hace indiscutible el precepto de la yihad –precepto de suficiencia y no obligacional de cada uno. Y aventurado será ahondar en la entraña de la antaño bestia y que orla la pancarta –el nacionalismo catalán ha proveído a favor del derecho a la opinión de Otegi- que San Juan y Marco han empuñado no ya para el público infantil, para todo el público y para el público avisado por el juez Ismael Moreno (<<Llamadme Ismael>>) con modo solidario de avivar el respeto debido al Teatro, que va más allá del Teatro del Barrio. Alzaron el crucifijo como Achab descargó el arpón: con odio, venganza e ira.
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