ANTETÍTULO: PERFILES
TÍTULO: Los Alcántara
RAMÓN BELLO SERRANO
La corrupción moral de los Alcántara o de los hermanos Almodóvar va más allá que otras corrupciones, quizá por sorprendente la del matrimonio e inesperada la de los hermanos. Hay canales de televisión especializados en la corrupción moral. Seleccionan a sus oficiantes corruptos, designan un vicariato de distintas sensibilidades (hay corruptos de desmedida grosería y otros de inteligencia notable para glosar y alimentar el escándalo y desmotivarlo del reproche moral) y presentan una cuenta de resultados formidable. Como yo creo en la libertad de expresión (cuarto estado) y no soy comunista (otra corrupción moral) prefiero el gozo corrupto de Jorge Javier al corrupto que le paga, como prefiero al corrupto Garzón (capaz de aceptar el troceo de España cuando el comunismo es por naturaleza ferozmente centralista) al pobre Cayo Lara –yo sabía, ay, cómo acabaría Cayo y su diente ambarino o de sarro-. ¿Es la indulgencia una forma corrupta para tratar la corrupción de los hermanos Almodóvar? Yo creo que no. Pero creo que sí sería corrupta la benevolencia para con el matrimonio Alcántara –eran ejemplares, como siempre fue la clase media española, honrados, de pocas travesuras y radicalmente morales- por cuanto eran una protesta eficaz (por su propia presencia) frente a la moral corrompida que se enseña y cala como lluvia fina. La corrupción moral de Agustín y Pedro (capitalizar la ganancia fuera de España) o la de Alberto (asumir que podrían independizarse, de fuerza, catalanes y “otras comunidades”, como si la diferencia y el privilegio pudiese defenderse desde Mundo Obrero) puede aceptarse como labilidad moral –también es lábil la presidencia de Rajoy, además de vieja, pero la inmoralidad que sufre no es categórica o de naturaleza- pero es inaceptable en los Alcántara. Los Alcántara van más allá que Imanol y Ana, pero Ana e Imanol, en cada capítulo, los Alcántara, transitan el descrédito moral y su peripecia (también la pasada) está manchada ya para siempre. A no ser. A no ser que el gran guionista baraje ya un accidente, una tragedia inesperada, una redención ultimísima capaz de deslindarlos de los Almodóvar. Un milagro.
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