viernes, 5 de junio de 2015

TÍTULO:  Agustín Pantoja

        RAMÓN BELLO SERRANO

        Asió las riendas desbocadas del caballo, despidió abogados, y es hoy el hacedor del milagro de Isabel. De las muchas cosas que tiene dichas Isabel me quedé un día (uno de esos días luengos que anuncian el verano y que caen a plomo pese a venir avisados) con una frase en la que habló del golpeo –“me golpean sin piedad”-. Yo me recordé entonces (pues ya la vida es recordatorio, anuncio de la fatalidad) que Menéndez Pelayo habló de los espíritus frappants o golpeadores, “pues el diablo puede entrar muchas veces en casas de personas (Cantora) devotas y en monasterios y para inquietarlos hacer ruidos y estruendos, dar golpes en las puertas y en ventanas, tirar piedras, quebrar ollas, platos y escudillas y revolver todas las preseas de casa, sin dejar cosa en su lugar”.  Menéndez Pelayo recoge tal verismo en los libros de Ciruelo, y a mí me parece que el diablo entró en Cantora aupado a la tentación del dinero (una de las tentaciones padecidas por Cristo) que atesoraba don Julián Muñoz, al que Isabel adivinó el rabo, el rabo del diablo. Y en el entretanto y cuando la tentada se inició en los padecimientos nacieron las discordias entre Muñoz y sus letrados y la propia Isabel, regocijándose el infierno, pues desde Luis Vives sabemos eso –que no es poco- que “la discordia es el regocijo del infierno”. ¿Y qué lugar ocupa Agustín? Digo, de antemano, aunque el hermano de Isabel ninguna culpa tiene, que llamarse Agustín lleva una responsabilidad o cuarto voto: pues si Agustín, junto a San Pablo, resultó vendaval (en ocasiones agrios y de beligerancia extrema) para reordenar nuestra civilización, Agustín Pantoja es lo que no fue el santo: es apuesto, tiene presencia, estatura más que notable y un rizo negro que adorna una cabeza parecida al sevillano Trajano –cabeza de imperio; “el imperio de Isabel Pantoja”, que así lo dijo Lauren Postigo desde el Corral de la Pacheca- y que se ha convertido en el habitante perpetuo y vicario de Cantora.  No parece que a Isabel la visitaran en prisión los espíritus golpeadores: contrición, purificación y exorcismos; ramos, candelas y agua bendita, y devoción al ángel custodio. Pedro Ciruelo.

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