ANTÉTITULO: PERFILES
TÍTULO : Carolina Bescansa
RAMÓN BELLO SERRANO
Carolina Bescansa, secretaria de comunicación de Podemos, reproduce los vicios privados de la casta y carga la mano sobre los periodistas londinenses: ha sido una traducción inadecuada y “fuera de contexto”. Errejón, más honrado, ha dicho la verdad: “es una penalidad añadida, ya no hay conflicto –algo que sostuvo siempre algún sector de la magistratura- y la dispersión no tiene sentido” . Yo entendí siempre a Podemos y hoy parece que Podemos pretende no ser entendido. Podemos defendió a Chávez, Correa y Morales, sencillamente por un antiamericanismo no primario y sí militante –algo que Zapatero compartía y ejercitaba mediante sus extravagantes ministros de Estado- y esa fobia se tradujo –y se traduce- en la defensa cerrada de la teocracia iraní. La democracia no era recobrada –la fractura de la legalidad republicana es antinómica de la transición política- y los diversos referenda lo eran viciados de origen. Los profesores, por ello, entienden legítimo servirse de los medios de comunicación (los periodistas son libres de espíritu aunque vienen constreñidos por la patronal, sólo la intervención estatal de los medios aseguraría unos mínimos de calidad democrática) y defienden la discriminación positiva (esto es, la excepción al derecho fundamental a la igualdad) a favor de los lanzados por desahucio y en contra y a costa de la propiedad, como la presunción del derecho del preferentista o del hipotecado, discriminación que habría de afianzarse mediante oficinas de gestión y banca pública dependiente de los votos de ayuntamientos o comunidades autónomas. Hablamos, por ello, de viejas ideas que cristalizaron en los regímenes del socialismo real y en los desastres bolivarianos –y lo viejo y el fracaso dejan en mal lugar la solvencia de Iglesias o de Errejón- y que se parecen mucho a la ultraderecha europea, tal y como repite, todos los días, Felipe González, el gran patriota que necesitaba España en estos tiempos desordenados. Carolina Bescansa defiende a Iglesias de manera impropia. Ese vicariato no enerva la inanidad ideológica de estos discretos profesores. Iglesias no trae palabras ciertas ni curativas. Ni siquiera gargantas contenciosas.
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