viernes, 22 de agosto de 2014

ANTÉTITULO: PERFILES

TÍTULO : Pedro Sánchez

RAMON BELLO SERRANO

El joven rey ya tiene a su presidente de Gobierno.Felipe de Borbón y Pedro Sánchez armarán la nueva capitular de España. Pedro Sánchez no hace más que hablar de España. Suscribió con Rajoy la arquitectura que Rubalcaba  -Dios te bendiga- legó como política de Estado. En el congreso extraordinario, apoyándose en el ucase del sur, volvió a hablar de su partido, el socialista, como el gran partido que España necesita. Lo han hecho todo bien. El rey ha impuesto la dedicación exclusiva y ha proscrito los negocios dentro de la real casa –ha enviado copia al viejo rey.- El rey, en fin, está en lo suyo, reinventando la monarquía constitucional a fuerza de patriotismo republicano, y ha encontrado en Sánchez, la pasión por la política, una línea y medida de futuro parecida a la que Juan Carlos disfrutó con Felipe González, su indiscutible presidente. Digo que es parecida.Hay apariencia y similitud. Juan Carlos y Felipe iban subidos al carro de la historia con el aplauso ilusionado del país. El rey y Pedro Sánchez han de armar el carro,desperezar la historia, asumir las riendas para transitar la axiología constitucional, retomar las ilusiones y procurar la refundación democrática. Habrá que hacerlo con el puño cerrado de Sánchez –jamás un puño cerrado alivió tanto.- Cuando todo parecía perderse (y en realidad se derrumbaba todo y adivinábamos la ruina) dos jóvenes acostumbrados a la espera y que aguardaban su momento (Sánchez habrá de guardarse un poco más, la abdicación ha de ser eso precisamente: una cesión en la que el cesionario ha de permitir al cedente, por cortesía, un tiempo de mudanza) son hoy la esperanza de España.Sánchez no ha fallado. En la pista de salida Madina apareció con mala y avinagrada cara, se había convertido en un viejo funcionario de aparato al que el tiempo devoraba, el mismo tiempo que permitió a Sánchezhacerlo todo rápido y agavillar a Chacón (le recetó la medicina al gran y renacentista envenenador Rubalcaba) agraviando, a conciencia, a un mal perdedor, triangulando hacia el Palacio de San Telmo, y delineando junto a Felipe VI los tiempos que habrán de venir. El rey le esperará.

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