sábado, 14 de febrero de 2015

​ANTÉTITULO: PERFILES ​TÍTULO: Catalá ​RAMÓN BELLO SERRANO ​Don Rafael Catalá ha heredado la cartera del señor Ruiz Gallardón. Don Alberto le dejó ruina sobre ruina: tasas judiciales (justicia para pobres y justicia para ricos) y escandaloso retraso en la tramitación de los procedimientos. No convocó plazas para paliar la enfermedad crónica que sufrimos todos pero sí hubo una apuesta al alza para inspectores de hacienda. Gallardón sólo hizo una cosa bien hecha: marcharse a la regalía: miembro consultivo del Consejo de Estado de la Comunidad de Madrid (nombramiento al que tiene derecho de por vida) con un salario aproximado de 8.500 euros mensuales. Irreprochablemente inmoral. Con tal vara de medir yo, como abogado, le voy a hacer una petición a don Rafael Catalá : quiero que me haga usted interino o pasante. Yo creía en la libre competencia y que la bajada de tasas (mejor su supresión) favorecería el mercado, el nuestro, el mercado de los arrendadores de servicios (parece ya difícil hablar del Abogado a secas) y propiciaría el legítimo consumo de los arrendatarios (imposible hablar del cliente) y, en fin, unos por otros, volveríamos a lo de siempre: facultad para elegir los abogados que uno pretende (siempre con la natural medida) y gravar el precio según el crédito (y arbitrio y mesura) del profesional. Si el ministro abre el portón de la justicia gratuita resultará (basta hacer cuentas) que toda la clase media española (por no decir: casi todos los españoles) tendrá derecho a pleitear sin pagar un céntimo. Esta es una revolución extraordinaria: tasas, subsidios, y poner la cara por Catalá :señalamientos a 5 años vista. Pablo Iglesias se queda muy atrás –al menos en las propuestas (que las tiene) para estas cosas- y el gobierno de Rajoy es cada vez más bolivariano. ¡Hágame usted funcionario! Prometo trabajar muchas más horas y desvelarme todas las noches (como ahora) y así podré ser subsidiado del señor Catalá.Tendré una buena base para cotizar y un seguro digno de enfermedad e incapacidad. A esto se le llamaba falangista y sindicación vertical. ¡Hágame usted un hombre! Y regálese con la orden de Miranda –más alta aún que la de Simón Bolívar-.

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