viernes, 18 de noviembre de 2016

PERFILES 19 NOVIEMBRE 2016 ANTETITULO: PERFILES TÍTULO: Zapata RAMÓN BELLO SERRANO La cara hecha como a puñetazos y embutido en un pantalón que le dicen cagado don Guillermo Zapata abandona la Audiencia Nacional libre y sin costas. La magistratura califica la literatura del concejal barbado (es una barba de triángulo invertido o de corazón) que enseña un diente amarillo y de sarro, como “humor macabro”. Los magistrados que dictaron, como un deber, una sentencia garantista, desconocen la literatura. El que lleva el pantalón cagado no es discípulo de Swift, inventor de la broma fúnebre, ni siquiera lector de Thomas de Quincey, que ensayó el asesinato como una de las bellas artes. Los magistrados sacaron el gran diccionario del derecho y lo mostraron para bien no sólo del cagado, que los mostraron como el común sentido benéfico para toda la sociedad, y hay que felicitarse por ello, vivimos en libertad y no en la arbitrariedad que frecuenta la risa del dental tartárico. Pero los magistrados (al menos los que han pronunciando, mandado y firmado esta sentencia) vienen necesitados de otros diccionarios (el del diablo de Ambrose Bierce) y el haber ceñido al mundo representativo de la toga (los miraba Guillermo un punto asustado con esa su cara dibujada al puño o como dueño del perro atado con cordel que Dostoiewski muestra al principio de Humillados y ofendidos) al mundo tan similar de Samuel Becket o de Jarry –hasta de Chèjov o Twain-, que éstos fueron los escribientes que sentenciaron con alta categoría el humor macabro. A Zapata no le hace daño el perdón de la víctima (Irene Villa, mutilada cada vez que el terror golpea o asoma el nervio obscuro de bestia, como en Alsasua) y le fortifica nuestra crítica, al punto en su casa no la tiene –jamás un buen comunista se hubiese permitido tal desaliño: la bondad moral de la idea demanda al hombre pulcro y a la madre de cabello recogido y solícita, como lo escribiera Gorki- y parece que el someterlo, a Zapata, a desprecio y sanción moral (distinta a la penal, pero sanción al fin) fuere a aliviarle, a nuestra costa, el tosco rostro, el pantalón cagado, la invertida barba y el incisivo color yema de huevo. Alimentación sí. Pero también moral insecticida.

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