TÍTULO: ALBERTO GARZÓN
RAMÓN BELLO SERRANO
¿A quién votará usted las próximas elecciones? –me lo pregunta una señora muy educada, sabedora que el voto es secreto, pero precisamente y por ello, en la certeza que me pregunta con gran liberalidad.- Estamos en el café Milán, a media mañana, y leo atentamente lo dicho por Alberto Garzón. Garzón es el chico joven que Cayo Lara ha dejado tras hundir al comunismo español (yo lo adiviné enseguida cuando le conocí un día en una pastelería de Toledo) y ha dicho, Garzón, que la Guardia Civil se dedica, en el estrecho, a <<asesinar inmigrantes>>. Le digo a Josefina, en la barra del café, que los socialistas descubrieron muy pronto a la Benemérita, y que Alberto Garzón no puede excusar su proceder alegando ser muy joven. En realidad el político más joven de la democracia española es Felipe González. Es hoy el gran puntal de Felipe VI, el socialista que empuja, con decisión, a Pedro Sánchez y, de seguido, lo que hace Felipe González es algo muy difícil de hacer pero muy sencillo de nombrar: es un ejercicio permanente de patriotismo. No tenía necesidad. Pero fue dar un paso y su presencia es ya imprescindible. Los grandes hombres de Estado tienen siempre un armario colmado de desgracias e infortunios, también de hechos reprobables, incluso ilícitos, pero remanecen cuando son más necesarios y la sociedad vive, en cierta medida, suspensa. Las encuestas dicen que el votante socialista es jubilado y apegado al pasado. Yo soy alguna de estas cosas. No estoy jubilado pero sé que el futuro de mi patria pasa por la monarquía constitucional, el pacto necesario entre las izquierdas y las derechas, además de escuchar con avidez y provecho las cosas que dice González. Causa admiración el predicamento de Pablo Iglesias y sus profesores –y esta es una cruz que siempre cargarás a cuestas, Cayo Lara- y su inanidad política. Resulta decepcionante haber perdido la gran ocasión de liderar la izquierda española –el problema es el desconocimiento de la propia historia, la frivolidad, la dejadez y la incuria- y asistir al espectáculo rácano y provinciano de los populares. Felipe tiene razón. No le faltará mi voto.
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