sábado, 2 de mayo de 2015

            TÍTULO: Manuel Chaves

            RAMÓN BELLO SERRANO

            José Antonio Griñán se marcha de la política como un caballero. Se marcha haciendo política. Cuando un magistrado cuelga la toga suele colgar, de paso, al amigo. Es lo que ha ocurrido en un país donde todo es ocurrencia (por decirlo al modo del presidente Rajoy) y que asiste a la incomodidad entre lo nuevo y lo viejo. Griñán, caballero melancólico, ha colgado dos pescuezos de una sola toga y se ha llevado por delante a Chaves, que deja la política de fuerza y no de grado –en realidad la deja como un cochero-. Iglesias y Rivera, recién llegados, juegan el mismo partido que Susana Díaz o el ministro Alonso o la vicepresidenta primera. Son jóvenes y orlan su futuro con el resto de jóvenes, desde el joven Rey hasta el penúltimo de nuestros estudiantes, el futuro demanda vida y abjura de la ruina. Rajoy vive –injustamente- el habernos mejorado como un ejercicio severo de ingratitud. Peor aún: vive el período electoral cercado en la deslealtad de los suyos. Los mejores tiempos fueron los de Felipe González, Santiago Carrillo, Manuel Fraga y Adolfo Suárez –era la alta política concediendo beligerancia a un ya presente Mariano Rajoy- para llegar a la plenitud con  Aznar. Toda aquella gente es hoy gente privada dedicada a otras cosas, centrada en su tiempo que es el mismo tiempo que corresponde a Rajoy, el tiempo al que se reintegra, voluntariamente, José Antonio Griñán –el mismo tiempo que ha tejido la soga de la que ya cuelga Chaves.- No es ocioso el permanente recuerdo hacia Rubalcaba (lo echa de menos Rajoy, como yo añoro a Pérez Castell o a Cabezuelo –también mi escritura es de otro tiempo y no de este en el que afloran jóvenes poco documentados) en lo que ya es un pequeño fortín que defiende el presidente con anuncios electorales de ruina. Chaves no comprende los reveses de la joven  Alaya ni las urgencias de la más joven presidenta andaluza. En esta incomprensión hay un gesto de vejez o ruina política. Griñán lo comprendió cuando le aforaron a la fuerza. Ayer se anudó la soga con la soltura del hombre cabal para escándalo del señorito andaluz y perplejidad del viejo Rajoy instalado en sufriente vejación.

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