sábado, 23 de mayo de 2015

ANTETÍTULO: PERFILES TÍTULO: Nicolás Maduro RAMÓN BELLO SERRANO Como un Cristo muy llagado enseña Nicolás Maduro la reliquia embalsamada del comandante Chávez. Olvida que el primero de los comandantes, Fidel Castro, fusiló al héroe de Angola, el general Ochoa, por quemarse con la droga. Ni Cabello es Ochoa ni Maduro es Castro –da lo mismo uno que otro, las dos personas, Fidel y Raúl, son Castro- y Cuba acaba de mudar de la pobreza totalitaria al libre mercado de modo y manera brillante: los Castro hablaron –y hablan- de potencia a potencia, como un papa a otro papa, a Norteamérica. Francisco fue piedra angular para solventar la guerra (Francisco es peronista y en nada bizantino) y el color de la república cubana remaneciendo cuanto más agradable resulta odioso para Maduro –Monedero lo definió de un golpe: “Chávez era un político de raza; Maduro un conductor de autobús”- al que Iglesias hincó ese colmillo que enseña torcido y de lobo, y que luego sajó la carótida del purgado. Hay una lectura analógica –injusta- entre Monedero e Iglesias. Monedero no ha pasado de las carreteras provinciales, pero su manera de conducir no es la del conducator Iglesias. Y desde un criterio anagógico o salvífico la redención de Monedero lo es, a ojos de la virtud política, la del comité de salud pública que, de repente, le da la espalda y le mira, ya sin remedio, a través de los ojos separados de Iglesias. Los últimos días de campaña, hoy suspensa a la manera de la ficción legal, Monedero e Iglesias volvieron a Venezuela. Iglesias, en una entrevista río para la televisión, en plena resaca de lo de Cabello, volvió a calificar a los terroristas como hacedores de “violencia política”. Y Monedero, que ha tenido la fortuna de vivir en un país libre para asumir la purga y sólo la purga, ha dicho: "Me siento desencadenado, Pablo me tiene cierta envidia". A Chávez le desencadenó la muerte en el instante en que los Castro procedían a mudarse de camisa. Desde San Pedro se arrumbó el muro de Berlín y desde San Pedro, otra vez, la libertad se aposenta en las viejas repúblicas. Chávez se aparece como pajarito que trina a Maduro y Monedero va mudando a cacatúa a la que nadie escucha ya. A la fuerza ahorcan

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