sábado, 16 de mayo de 2015
ANTETÍTULO: PERFILES TÍTULO: Gaspar Llamazares RAMÓN BELLO SERRANO Gaspar Llamazares, toda la vida en política, acaba de centrar su campaña para el principado de Asturias en una descalificación genérica contra el arzobispo de Oviedo al que ha calificado de “tridentino”. Para Llamazares Trento fue la contrarreforma a los cristianos reformados que, como Lutero, llamaron a “los príncipes a matar a los ofensivos campesinos como perros rabiosos, a apuñalarlos, a estrangularlos y destruirlos como mejor puedan y así recibirán los príncipes la promesa del cielo”. Martín Lutero tras su brillante censura al catolicismo –que lo fue- provocó que la Iglesia ordenase en Trento el desorden que desde el tiempo beligerante de San Pablo había confundido debilidad y desorden –ya escribió Tomás Moro: “se hizo débil por causa del débil, para poder así atender a otros hombres débiles gracias, precisamente, a su propia debilidad”- y Pío V pudo alumbrar un catecismo riguroso o, por mejor decir: rigoroso. Llamazares, toda la vida en la pomada, se nos ha hecho, además, un aficionado notable a Francisco I. Llamazares (un caballero solvente frente a la insolvencia peligrosísima de Pablo Iglesias) cree que Francisco protagoniza “un nuevo rumbo” incompatible con el delito del arzobispo de Oviedo que se ha preocupado por las clases de Religión. Las clases de Religión van más allá del culto: el arte, la filosofía, la arquitectura, la retórica y la historia, la política, nuestra civilización judeocristiana, el deseo de saber y de sabernos, lo que Ortega llamó visciencia: una manera de ser y vivir de los pueblos. La contaduría de la civilización es distinta (y aún distante) al afán catequizador. Los totalitarismos, de los que tanto supo, sabía y sabe, el doctor Llamazares, entregados a la corrupción de la soberbia, alzan la mano sobre la espalda del arzobispo que Llamazares cree ser provocadora para con la sociedad asturiana. Y en esa provocación cree Llamazares provocar de suyo la respuesta del pueblo que, en el entretanto, ha hecho de su vida un particular batallar, el de Covadonga. Llamazares confunde la ordenada escribanía de Trento con la oreja sajada de Malco. Ramón Bello Serrano
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