viernes, 23 de octubre de 2015

ANTÉTITULO: PERFILES TÍTULO: Inocencio RAMÓN BELLO SERRANO Pablo escribe su Epístola a los Romanos que removió el otoño de San Agustín y provocó la indignación meditada de Lutero. Tertuliano crea la latinidad eclesiástica, la beligerancia retórica y al polemista –tanto que se incorporó a Montano.- Cipriano de Cartago apuntala –como un deber- la brillante indisciplina de Orígenes. Constantino publica el Edicto de Milán quizá para hacerse perdonar sus crímenes. Policarpo jamás cedió ni interfirió –la provocación era estéril.- Constantino, presidiendo el Concilio de Nicea, dramáticamente conciliador, define por imperio, la única y esencial palabra: consustancial. Calcedonia hace un ejercicio soberbio mediante el empleo de algo más que la esencial palabra: la persona.- San Ambrosio deslumbra a Agustín: lee sin hablar, hábito desconocido en el mundo clásico. Pablo y Agustín: los dos pilares. Constancio II llegó de avanzadilla –destruyó Roma, antes que la barbarie- y Benito ordenó: dos platos cocidos por día, una libra de pan, una pinta de vino y cuidar de los enfermos. Beda reconduce el milagro a su propósito moral –quizá hasta lo didáctico.- En la abadía de Reading se conservaba un zapato de Nuestro Señor y la vara de Moisés. Jamás un griego pensó (tampoco ahora) que un latino sostuviere un debate teológico de altura –pero Inocencio III no tuvo rival como abogado. Inocencio IV llegó a decir del gran Federico, “corruptor del mundo entero”, la cuarta bestia del Libro de Daniel, dientes de hierro y uñas de bronce. Chanssenée, otro abogado, defiende la excomunión de los animales infames –sujetas al anatema a fin de evitar los tribunales seculares. Châlons habilitó la confesión directa y privada –no como derecho y sí como remedio ante la falta de sacerdotes-, Inocencio la proscribió a favor de la auricular, que Trento declaró divina. El relámpago trinitario alentó la tenue iluminación –pero sostenida- del Islam y el entusiasmo hizo de cada santo un hereje. Pedro Sánchez enuncia su gran promesa pública: erradicar la religión como enseñanza. No ha leído a Erasmo y cree que en Sajonia sigue venerándose el cuerpo entero de uno de los Santos Inocentes. No le culpo. La mala educación.

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