ANTÉTITULO: PERFILES
TÍTULO: Cayo Lara
RAMÓN BELLO SERRANO
La trinidad de Cayo Lara, en su tiempo de adviento a la política, se resumía: 1) Tutear al rey Juan Carlos y endosarle la Constitución republicana de 1931 faltando a los deberes del invitado para con el anfitrión.- 2) Asistir a los plenos del Congreso con los faldones de la camisa por fuera y presunción de ir un poco atascado o poco duchado.- Y 3) la dolorosa sospecha (ay) de que hundiría a la izquierda tradicional, pasaportara, de manera poco digna, al Partido Comunista de España, y acabara entregándose y capitulando frente a Podemos. En dicha trinidad tuvo, al menos, un detalle fieramente humano: se marchó llorando como hiciera Boabdil al carecer de clara, yema y cáscara, para defender a la izquierda republicana, centralista y que llevaba inscrita, a fuego, la represión franquista casi como una conquista moral. En realidad Lara ha ido más allá de su condición transeúnte (no ha sido su liderazgo provisional, sino de finiquito y saldo) y ha sido incapaz de forjar su condición más privada más allá del yerro –también ideológico, pues la militancia en el PCE de Alberto Garzón, no pasa de ser el reflejo de una ironía –reflejo de Lara- ya identificable con “la tuerka”. La gente de Llamazares (que no es sino Llamazares mismo en manifestaciones distintas –aunque no distantes) con muy buen criterio llora (todo el mundo llora) el no haber plantado cara (a cara de perro) al derrotismo de Lara–instituto severísimo, en el castigo, de los regímenes comunistas, se cumplen veinticinco años de descomposición, la descomposición que anunciaba el beso de Erich Honecker y Leónidas Breznev, con esas sus maneras del mirar, distantes, írritas y fatídicas-. Pero a los seguidores de Pablo Iglesias y en su entusiasmo (parece que atemperado) no es justo recordarles (tampoco imputarles connivencia moral) aquella clase de luz interna, demoníaca y fósil de Honecker, pero luz, al fin, poco o nada que ver con la obscuridad acéfala de Maduro y Morales – qué tendrá la jeroglífica “m”, fenicia y etrusca a un tiempo- en la que ha desembocado el de Argamasilla, que ayer anunció: “Existe una intención de destruir Izquierda Unida”. La has destruido tú, Cayo. Y al PCE olvidado en el perchero.
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