viernes, 19 de diciembre de 2014

​ANTÉTITULO: PERFILES ​TÍTULO: Sir Ridley ​RAMÓN BELLO SERRANO ​La memoria o es litigiosa o es nada. Y el litigio en nada se parece a un permanente dolor de muelas. Voy a ver el Moisés de Ridley Scott. Y salgo con un interminable dolor de cabeza. El final es el de Moisés cincelando, de propia mano, las Tablas de la Ley dictadas por un mocoso. Moisés porta espada y jamás cayado. Ramsés es tonto e indigno –sus generales se dicen de usted- y me parece asistir a una blanca blasfemia. Imagino a los niños preguntando a los padres y a los padres en pleno litigio –todo lo malo atesora su lado bueno- recordando el Éxodo, el libro definitorio del Antiguo Testamento. La casualidad ha querido que a la par del estreno de Exodus: Dioses y Reyes, la BAC entregara la cuarta entrega (sin entrega no hay memoria y sí pobre entreguismo y soberbia) de la obra completa de Ratzinger, su tesis doctoral sobre el pueblo y casa de Dios en la doctrina de San Agustín, el pueblo, en fin, del que el desmemoriado Scott (su desmemoria es culpable pues no desconoce la realidad, tampoco la reinterpreta –no lo pretende- y se limita a firmar un producto atractivo, aunque plano, insolvente y pesado : pesado es lo peor que puede decirse de cualquier ejercicio memorístico, caso de este Moisés) usa y abusa en su película boba. El Moisés de Cecil B. DeMille llevaba en el mirar la memoria íntegra del cristianismo (hasta se adivinaba al Moisés que remanece en la Transfiguración) y el mejor memorialista, Chautebriand, dedicó su libro cuarto de El Genio del Cristianismo, a las “Objeciones sobre el sistema de Moisés”. Porque toda memoria ha de ser objetable para mostrarse vigorosa. Yo miraba en derredor mío, en el cine, y recordaba al mar de Suf, la roca del Horeb y la teofanía (en esto mi memoria sí es firme y por ello en permanente litigio) y sentía tal dolor de corazón, no sabía cómo decir a los niños que apelaban a la memoria de los padres, para condenar la desmemoria fatua, que Moisés no era la espada de purpurina de Christian Bale, y que era toda la memoria de las tablas del Testimonio. Sir Ridley desmemorió el habernos dado Blade Runner por su banalidad fácil. Facilidad, mala novia, que ya dijera Juan Ramón. belloserranoramon@gmail.com

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