JUAN CARLOS MONEDERO
Monedero tiene mala cara, es un
hombre malquistado y de una beligerancia antigua, y yo le veo capaz de todo.
Iglesias y Monedero no son demócratas. Son demócratas al modo del rector
Carrillo. Su política es vertical y aspira a confundir lo público con la
libertad de comercio, culto y prensa. No es anécdota que la novia de Errejón
(las novias de los profesores parecen calcadas a la severísima rumana) asaltara
la capilla de la complutense, que las gentes de Monedero no condenasen en
Europa al presidente Maduro (es la vieja retórica del duro y violento
nacionalismo de no ha tanto tiempo) y que Iglesias salude puño en alto desde
una emisora financiada con dinero iraní que maltrata a las mujeres y cuelga a los
maricas de los brazos de las grúas. Estatalizado el comercio (mirad qué os han
hecho, cómo os estafaron, cómo os desahuciaron) Monedero no se plantea, en su
cara de fiebre y negra, guerrear frente a Europa. No son revolucionarios, ni
siquiera revolucionarios de bolsillo –del libro de bolsillo- y juegan con la
impunidad del pensamiento único. Son renovadores de la nada –como dijera
Alfonso Guerra- y de un populismo con sabor al de entreguerras. No tienen la
talla de Alexis Tsipras. Tsipras pudo abrazarse a Iglesias por retórica –
Iglesias ya está en otro mundo, mimetiza su relación con la prensa desde su
puño de hielo, se niega al debate solicitando discutir, como un papa, con el
presidente Rajoy, anunciando su método antiguo y rancio-, pero Tsipras es un tipo
honrado, tiene política –quiero decir que hace política no sólo para su minoría
mayoritaria- y no se le conocen matones bolivarianos, castristas o entusiastas
de doña Cristina –admirable y admirada por Baltasar Garzón, no sabe, BG, cómo
ofrecerse, convertido en estatua de sal, olvidado como Julian Assange, ya 1000
días asilado, apartado de los jóvenes turcos, quizá no tanto de Monedero,
Monedero es más viejo que las novias- y el comunismo griego sólo es rencor a
Norteamérica y desprecio a su rey felón. Arcadi viene escribiendo que es una
obligación patriótica la beligerancia contra Monedero y sus profesores. No es
agradable. Las obligaciones personales nunca lo son.
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