sábado, 28 de marzo de 2015

TÍTULO : Rosa Díez

            RAMÓN BELLO SERRANO

         Tras las bobadas dichas por Rosa Díez, aminoradas por la sorpresa de acogerse a nuestra gran iglesia, la de Churchill, sólo me resta decir que mi admiración, de suyo grande, empieza a decrecer. La señora Díez preside un partido radical que fue la voz de la decencia en el País Vasco y en toda España. La decencia, de ordinario, es un valor difuso para los grandes partidos, y la señora Díez, armada en su dureza política, descabezaba todos los días a Zapatero, izándose en la tribuna del congreso con un deje jacobino. Su severidad, que tantas razones políticas ganó, quiere hoy recobrarse con un pago, también severo: su mejor servicio a la patria es convocar un congreso extraordinario al tiempo que presenta la dimisión y posibilita refundarse con el exitoso proyecto de Rivera –que no es tan radicalmente ortodoxo- sin caer en tentaciones de purga y expulsión. Nada menos que Churchill y su apelación al liderazgo en los tiempos de tribulación –coincide Rosa Díez con el presidente Aznar en este entusiasmo secreto-, el Churchill del que dispone usted lector (rápido, rápido, no se duerma o confíe) en la librería Circus, de la monumental biografía de Roy Jenkins, en dos tomos, por menos que lo que paga por un desayuno de diario. El tren de Rosa Díez llegó a la estación de término (es un error confundir el camino de hierro, la vía del radicalismo mismo, con la máquina viajera, en este caso la de Díez) y es justo que algunos de sus compañeros sean maliciosamente injustos y quebrantadores de promesas menores para con Rosa. Por cuanto la promesa de altura era y es: lo constitucionalmente pactado es valor insobornable frente a todo; la Constitución del 78 es la axiología de nuestra libertad; las palabras mayores exigen sacrificios colectivos –pero también exigen el sacrificio singular.- Los que hemos seguido a Rosa Díez con profunda admiración, de ahí nuestro voto alegre y radical, deseamos que mude pronto su agria amargura y  reafirme con su marcha sus principios tan necesarios para con la patria. Churchill ganó la guerra y perdió las elecciones. Díez sólo ha perdido las elecciones. Sabe cuál es su deber.

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