sábado, 18 de julio de 2015

POR FAVOR RUEGO ACUSE


ANTÉTITULO: PERFILES

            TÍTULO: Olivier Py

            RAMÓN BELLO SERRANO

            Olivier Py en el Festival de Avignon orla un escándalo puro y denso como un golpe seco en el estómago (no en las conciencias -de suyo más sufridas) interpretando El rey Lear. Hubo tres momentos en mi vida de lector que me cambiaron para siempre de forma primaria y pura. Siente uno como un temblor  y al reajustarse de nuevo, entero y calmo, ya siempre hay como réplicas que están ahí, no por recurrentes y familiares desasosiegan menos. Tres momentos. Primero fue Cervantes. Cervantes borra el disco y pone el contador a cero. El borrado es necesario (tanta lectura fatua y de fatuos) para un ejercicio de tan alta melancolía. En Cervantes hay perdón y compasión -quiero decir que Cervantes y su lector se compadecen para perdonarse de suyo- y esa virtud te concilia con un mundo poco conciliado.- Si el hombre duro se hace distinto ya para siempre al leer a Cervantes (se dulcifica gracias a la aceptación del perdón) un espumarajo de violencia innata acontece cuando Lear, tras mandar llamar a los señores de Francia y de Borgoña, dice (nos dice a sus hijas; aquí somos nosotros con Shakespeare, sus hijas y la avidez hecha llama) sí, nos dice: “Mientras, voy a revelar mi propósito secreto. / Dadme ese mapa”. En esa fatal decisión de decirlo todo (revelarlo todo -pues buena parte del todo es su propósito secreto) y procurar su reparto (Lear va a trocear su reino) Lear va a redimir con su gesto y sacrificio al hombre que despertó en los brazos religiosos de Cervantes. Pues si Cervantes gasta una ática moralidad Oliver Py, en Avignon, mostrando a un Lear brutal, lamina la interpretación piadosa y salvífica de Lear, para dejarnos el poso que contó su editor Samuel Johnson, tan conmocionado por la muerte de Cordelia que no pudo volver a leer las últimas escenas en muchos años. Lear tiene esto, una fiereza beligerante y de entraña, como de especie, compadecido (y compadeciéndose con nosotros) y perturbado por su error. Yo diría que un hombre es distinto tras haber leído a Lear. Pero faltaba un tercer estadio -que yo no busqué y ni siquiera intuí- que era San Pablo y su Epístola a los Romanos: el mundo entero.

             

 

Ramón Bello Serrano
ABOGADO (col. 2142)
MEDIADOR CIVIL Y MERCANTIL (3401569)
MEDIADOR SANITARIO
HABILITADO DEL TRIBUNAL ECLESIÁSTICO

Fax : 967 52 18 24 



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