sábado, 1 de agosto de 2015

Perfiles 1 de agosto

 

                     ANTÉTITULO: PERFILES

                            TÍTULO : Sumorroca

 

                            RAMÓN BELLO SERRANO

 

         En la entrega de despachos a los nuevos jueces en Barcelona  Mas y la  Colau se presentan  como dos osos. La segunda por incomparecencia –aprovechaba la presidencia de Felipe VI para retirar el busto del rey padre- y el primero con cara rayana en la traición  sentándose al lado del hijo –lleva la carga permanente del pecado común, Felipe, en su Gólgota ya tan nuestro. -Se presentan como dos osos.  En fechas recentísimas asistí a la entrega de despachos, en Madrid, de los nuevos fiscales. Lo que allí se dijo (mi hija Lucía recibió su despacho de fiscal) fue –y era cierto- que eran el futuro. Tras años de dedicación sumaria la vocación de los jóvenes jueces y fiscales se iniciaba con las letras capitulares de la legalidad y los altos valores constitucionales. Por eso la presencia de Mas representaba lo contrario de lo que allí se celebraba. Mas no es el presidente de todos los catalanes (si lo fuere y mostrase ejemplar respeto a los defensores de la Constitución atesoraría lo que no tiene, el prestigio que nace del respeto al adversario o enemigo) y tampoco la Colau es la alcaldesa de toda Barcelona –le hubiere bastado una decisión a lo Tierno Galván (no injuriar gratuitamente la tradición) para asentarse y mostrar autoridad moral.- Solo dos osos, Inocencia y Mica Aurea, compartían el favor del emperador Valente, endurecido contra  el remordimiento. Desvelado los observaba y alimentaba en sus jaulas y se recreaba. Junqueras, que es un tipo serio, alimenta a Mas y a la Colau, en su papel de Maximino: había eliminado a las familias más influyentes de Roma: hoy los Pujol reprobados y ayer los Sumorroca detenidos. Los nuevos jueces pasaron su primera gran prueba observando la cartografía de Mas y lo que representa su agitación nacional: para el presidente la sospecha equivale a la prueba, la posibilidad de delinquir supone la intención de hacerlo y –en fin- la intención no era menos criminal que el acto. Los políticos de la transición (denostados hoy por el nacionalismo y purgados por las checa de Iglesias) procuraron con mano suave erosionar el principio latente y mortal del fanatismo. Los Sumorroca acechaban.


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