ANTETÍTULO: PERFILES
TÍTULO: Esmeralda
RAMÓN BELLO SERRANO
Proliferan las artes adivinatorias en las televisiones. Tengo debilidad por Esmeralda. Hay adivinos que echan las cartas como un deber –y otros, los más arteros, parecen repartir con dedos de piedra, les importa el dinero, la tarifa y quizá el engaño, por cuanto el engaño es de ida y vuelta, consentido, el profetismo tiene su precio, sin precio la adivinatoria es nada.- Otros los hay de bola de cristal –en realidad la cristalomancia, el arte de leer los cristales, arte céltico, yo diría que un punto gótico, leyendo el pasado a través del cristal, que no el vidrio.- Pedro Ciruelo –quizá esto no lo sepa Esmeralda- nos habla de la hidromancia, que procede derritiendo plomo, cera o pez sobre un vaso lleno de agua y adivinando por las figuras que allí se asoman; de la aerimancia, por la cual “los vanos hombres paran mientes a los sonidos que se hacen en el aire cuando menea las arboledas del campo o cuando entra por los resquicios de puertas y ventanas”. No olvides, Esmeralda, la piromancia, observando atentamente el calor, la disposición y el chasquido de la llama; o la espatulamancia, o adivinación por los huesos de la espalda puestos cabe al fuego hasta que salten o se hiendan. Hay más –no temas, no temas- si consultamos a Martín del Río. Lo cita Menéndez Pelayo. Tenemos, en primer término, la onuxomanteia, o adivinación por las uñas manchadas de aceite, que practicaba en Bélgica un soldado montañés llamado Quevedo, “más ilustre en las armas que en la piedad”; la chleidomanteia, o adivinación por las llaves; la daphomanteia, por combustión del laurel. Pensaba en estas cosas las noches del mes de agosto que ya termina. Y entonces me fui, tras frecuentar mis teologías, al estante de Virgilio. Y siguiéndole como se sigue al guía que uno reverencia por mandato del soberbio florentino abrí al azar el afán de Eneas –llevaba sobre los hombros a Anguises y de la mano a Ascanio- e hice mis preguntas, Esmeralda. Arte sumaria que consiste en abrir al acaso los poemas de Homero o de Virgilio y leer la suerte en el primer verso que se halle. De nombre soixeiomanteia, Esmeralda. Raro y ríspido nombre para un adivinarse tan bello.
Ramón Bello Serrano
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