ANTÉTITULO: PERFILES
TÍTULO: Fidel Castro
RAMÓN BELLO SERRANO
Triste final el de Fidel Castro. Final triste de Fidel. Bastó la antigua y paciente mano romana para que todo un tiempo de atrasos y pobreza anunciara la nueva economía –el ecónomo es Obama.- Qué hacer ahora con los escritos, los ensayos revolucionarios, las bibliotecas de la propaganda, los parágrafos de un mundo derruido, el enfoque socialista de toda actividad humana Yo presentí la derrota el día en que Fidel se abrochó un chándal –no se conduce la revolución en zapatillas deportivas- y renunció al atuendo militar. Cuando fusiló al general Ochoa, héroe de la revolución, Castro televisó el proceso, donde Ochoa, como buen comunista, fue al paredón por su credo político. Fidel era la bota militar, la barca acreciéndose y arrizándose, atascada en tabaco de vuelta abajo. De la biblioteca de mi padre recuerdo una colección, que todavía guardo, llamada Marxismo y Democracia. Había una enciclopedia de conceptos básicos y la revista en sí. La tríada (tesis, antítesis y síntesis) que es puramente hegeliana y que Marx ordenó a la contradicción, terminó en Cuba por ser el discurso interminable de un viejo vestido en atuendo deportivo. Si una sociedad castigada (decían que revolucionariamente contenta) desoye la marcha militar, las consignas y proclamas al viento, las tensas mandíbulas en la defensa del logro, y se deja llevar por la sotana de un argentino y de un negro que tenía el alma blanca, se explica de forma precisa que Castro se aparezca al mundo en chándal –la última vez apoyado en mesa de maestro y disertando a un puñado de revolucionarios jóvenes que tomaban nota de las ideas para el futuro- como un pensionista retirado incapaz de soportar al presidente Maduro, de cuya formación política sabemos que oyó a un pajarito trinarle los últimos consejos de Chávez. Hugo Chávez, en su grosería, terminaba por redimirse en su uniforme militar. Si Monedero e Iglesias hubieren tenido poder en su momento, cuando Juan Carlos mandó callar a Chávez, las relaciones con Venezuela hoy serían distintas. A la vista de la historia no descartemos que Fidel pida un cura para el último tránsito. Mejor si es peronista y se llama Bergoglio.
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