ANTETÍTULO: PERFILES
TÍTULO: Orwell
RAMÓN BELLO SERRANO
He dedicado el mes de agosto a leer a Orwell. En el entretanto, los últimos días de julio, apuré la primera parte del tomo VIII de las Obras Completas de Ratzinger –escritos sobre eclesiología y ecumenismo- y rematé con las Memorias del indómito cardenal Mindszenty. A Orwell lo buscaron los comunistas españoles para asesinarlo en nuestra guerra civil. Orwell, un hombre a la izquierda de la izquierda, en su Homenaje a Cataluña, ya escribió que la guerra no era una guerra por la democracia, “un puro camelo” –una democracia como se entiende en Inglaterra o Francia- y que, caso de ganarse la guerra por el bando republicano, “a la vista que la ocasión para implantar una dictadura del proletariado, ya había pasado”, la victoria acabaría en alguna forma de fascismo. En sus Ensayos, en plena guerra mundial, Orwell hablaba de las Brigadas Internacionales y distinguía entre el arrojo particular de los milicianos y la manipulación horrorosa que sufrieron, hasta la traición más honda, de los comisarios de Stalin –naturalmente habla de Albacete.- Lo milagroso es que salvara la vida tras publicar Rebelión en la Granja (libro que deberían repasar los profesores de Podemos) que es el primer libro de un gran escritor de izquierda contrario al monstruo soviético –los aliados entregaron a los rusos miles de ejemplares para no desairar a Stalin- y más milagroso todavía que sus lectores –de ayer y de hoy- sobrevivieran a 1984 el libro más devastador que he leído en mi vida. Felipe González, que es el gran patriota que España ha encontrado para batallar al fascismo catalán, recordaba hace bien poco, en una carta abierta y directa a los catalanes, muchos de los claros argumentos de Orwell referidos a los años 30. Es, en este sentido y de manera analógica, un hombre que ha ido combatiendo, día a día, con dolorosa tristeza, los desmanes del nacionalismo catalán, de tal suerte que hoy muchos de los profesores de Iglesias lo llaman y tienen por un hombre de derechas. Quizá González tenga algo juvenil del señor Comstock (Que no muera la aspidistra) y nada, por fortuna, de La hija del clérigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario