viernes, 11 de septiembre de 2015


12 septiembre 2015

 

            ANTÉTITULO: PERFILES

            TÍTULO: Marqués de Olivara

            RAMÓN BELLO SERRANO

            Las últimas cartas que recibí de Ruiz Mateos las remitía como marqués de Olivara. El ministerio de Justicia por Orden de 24 de agosto de 1982 habilitó el marquesado concedido por la Serenísima República de San Marino, marquesado hoy vacante, tras la muerte de don José María. Felipe González, hoy remaneciendo y vuelto de los libros de la historia de España como el patriota que necesitábamos todos, le dobló el pulso a García Pelayo, presidente del Tribunal Constitucional. El decreto de expropiación de RUMASA era inconstitucional de la cruz a la raya y Felipe le dijo al jurista probo y capaz: si tumbas la expropiación cae el primer gobierno socialista de la democracia. García Pelayo ejercitó su voto de calidad y luego se marchó a morir a Caracas remordiéndose en su conciencia de jurista –eran otros tiempos, otros caballeros- con el pulso doblado, primera causa de la politización incurable del TC. Ocurría, entonces, que si uno defendía el derecho de Ruiz Mateos a una sentencia no afectada de política, José María te enviaba una carta manuscrita al periódico, agradecido por el gesto. El marqués de Olivara había contratado una agencia que detectaba cualquier opinión en los periódicos de España que hablase de su asunto –y justamente fue ya siempre su asunto- y no fallaba en acusar recibo –hubo otra agencia, otra historia, que remitía los discursos de Saddam en Tikrit, con un breve de su ministro, de puño y letra, Izzat Ibrahim al Duri, a propósito de la guerra con Irán, dirigidos al periódico y tildándome de funcionario experto en carros de combate.- Ruiz Mateos siempre gastaba americana cruzada, que en la madurez espigada requiere de su abrochado interior, pero ya en la vejez don José María sólo se abotonaba el botón intermedio y a la vista, ocultando el cuerpo flojo del anciano. Cuando emitió nuevos pagarés todos sabían que no les haría frente porque esa lucha ya no era su lucha y la justicia flaneaba por la frente de piedra del marqués –murió Boyer, apareció Vargas y murió Elena Arnedo, la ruina llama a la ruina, como la dicha a la dicha.- Probablemente fue más que un canalla. También lo fue el Decreto-Ley 2/1983.




Ramón Bello Serrano
ABOGADO (col. 2142)
MEDIADOR CIVIL Y MERCANTIL (3401569)
MEDIADOR SANITARIO
HABILITADO DEL TRIBUNAL ECLESIÁSTICO

Fax : 967 52 18 24 



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