viernes, 18 de septiembre de 2015

Sábado 19 de septiembre ANTETÍTULO: PERFILES TÍTULO: San Patricio RAMÓN BELLO SERRANO Nuevo libro o mapa sobre las puertas de acceso al infierno. Lo firma Fermín Bocos y es un libro espléndido. El más soberbio de los escritores (soberbia doblada de soberbia es legar al mundo la Divina Comedia) no orilló a nadie. En el círculo octavo por arriba de los traidores Dante reunió a los fraudulentos a los que calificó con precisión rara en un florentino: seductores, aduladores, simoníacos, adivinos, barateros, hipócritas, ladrones, malos consejeros, sembradores de escándalos y falsificadores. Juan Pablo II asombró al mundo cuando negó la realidad del infierno como dimensión eterna de fuego (Judas roído permanentemente por los dientes de Lucifer) y habló de la ausencia de Dios en el corazón de los condenados, un estado de obscuridad del alma –querida y perseguida de suyo.- Benedicto XVI le corrigió enseguida, pero nadie ha escrito palabras más bellas que el alemán en sus estudios escatológicos. Francisco, que es un pontífice de singular contradicción, nacido jesuita y queriéndose franciscano –que yo creo que es uno de los muchos modos de ser peronista- habla poco de estas cosas. El caballero Owen, librepensador, se conmovió al escuchar la historia del pozo que San Patricio había hecho cavar en Irlanda para meter en él a sus feligreses incrédulos, con la finalidad de que atisbaran (aquí no eran las puertas de Bocos, era un hoyo de caber media docena de hombres, y lo suficientemente profundo para observar) las espantosas torturas del infierno. Volvieron y atestiguaron (y eran tiempos los de San Patricio donde los testigos se cuidaban mucho de mentir en asuntos de religión) que verdaderamente el infierno era no tener piedad, además de no resultar lícito compadecerse del castigo sufrido por justicia –divina-. Confirmaron la idea de Santo Tomás o de los Domini Canes- y el caballero Owen, más versado, regresó con un memorial de los medios punitivos del diablo con el que dijo haber sostenido una entrevista. Miles de peregrinos se asomaron al pozo de San Patricio hasta que el papa Alejandro VI, padre de César y Lucrecia Borgia, lo clausuró con autoridad y declaró su impostura. Pero siempre hay picaportes –los de don Juan Benet.

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