ANTÉTITULO: PERFILES
TÍTULO: Anatolio Kuraguin
RAMÓN BELLO SERRANO
El deshonor es el vidrio de la copa rota –una rotura de estrépito y súbita que da paso al cristal fracasado- pero nada hay en esta vida irrecuperable, siempre hay segundas oportunidades –hasta terceras y cuartas- y en ese oportunismo deberíamos encauzar la política. La política ya no es una magistratura ni siquiera cursus honorum: hay candidatos que perdieron sus altos cargos despojados del mandato del pueblo y persisten como si nada hubiere ocurrido, pasan del gobierno a la oposición arrastrando su cristalería hecha añicos. La mujer (y el hombre) resiste pese a no poder recomponerse, la carrera terminó, agradece y pasa el testigo, devuelve el favor público que te dimos, no hace falta que nos pagues nada, pero lleva consigo, siquiera un tiempo, como un dolor, el vidrio de la copa rota. Los magistrados harían bien en frecuentar lecturas. La lectura amplía el vocabulario, ejercita el ingenio, reivindica la retórica y es saludable para la política. Los políticos que se tildan de mentirosos han olvidado el diario de sesiones del congreso, saben bien poco de los grandes debates, ha tiempo que perdieron la dignidad y han pasado de puntillas por la reciente historia de España. Son un calco de Anatolio Kuraguin, al que un día mostraron la pierna cortada, despertando la piedad del príncipe Andrei –de una frivolidad que ha procurado el abandono de gran parte de los votantes. Pero el vidrio roto, con esfuerzo, puede recomponerse o, sin más, reponerse por una copa nueva. La carrera pública ha de ser un curso para gentes notables que unos acabarán más arriba a cambio de descartar a otros. No puede la mujer (o el hombre) acomodarse a lo que fuere tras perder su apuesta –y es cierto que la pérdida acarrea dolores, como cualquier pérdida, pero ha de enervarse cediendo el testigo gratamente y sin la trampa del cristal que corta- y es deseable volver a los discursos preparados, al hombre público que cultiva la lucha por ideales comunes o propios, tan lejanos al Kuraguin de Tolstoi, el hombre presto a tildar de mentiroso al adversario e incapaz de acerar una réplica. Ha de volver la animación sincera y la novedad de interés. Cristal nuevo.
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