ANTETÍTULO: PERFILES
TÍTULO: RITA BARBERÁ
RAMON BELLO SERRANO
Las comparaciones son odiosas. El odio va derramándose y untando a todos de tal suerte que personas que jamás adivinaron atesorarlo –el odio- se anuncian hoy en público coronados de inquina y rabia, “arrojando de un golpe por su boca todos los insultos de que era capaz, en su mayor parte sin punto ni coma, como atragantándose”, como aquella Bubnova odiosa de Dostoyevski. Es la comparación. Rita Barberá dice: No soy culpable, tampoco lo es Rajoy. Bárcenas es responsable y golfo como lo es Calvo. Rajoy es presidente y Barberá senadora. Rajoy no se marchará por ello y yo tampoco –seré fuerte, yo sí seré fuerte, ése es el sentido de la fuerza, por ello es fuerte Mariano-. Ocurre, entonces, que Rita Barberá se ha hecho odiosa al partido y Rajoy ha pasado a odiarla (“una militante más”) y Barberá odia al presidente hasta el punto que quisiera hundirse con él y hasta llegado el caso procuraría comprar su magistratura desmadejada y terminal, tal y como Quevedo compró la casa del desahuciado Góngora, para seguir odiándolo con más fuerza. Los jóvenes turcos del partido popular (Casado, Maíllo, Maroto) odian de otra forma a Barberá, la odian con la urgencia de no poder renovar un partido que se pudre más aprisa con gente como Rita, como otra militancia odia con tranquilidad jocosa (Bárcenas sigue siendo per se militante) a la señora Cospedal que ahora reúne, cultivo doblado de cultivo, el temor reverencial que desplegó durante su general secretaría ya hoy dolorosamente sorda, como es el dolor de Rajoy. Barberá ha preferido la espada –y yo la respeto por ello.- Rita Barberá, la Gea del partido popular, la de “ancho pecho”, está harta de la situación que padece o por mejor decir, harta de la urgencia de los jóvenes y más harta todavía del hombre esquinero de Moncloa que, como ella, no es culpable ni responsable ni dimitirá como Barberá tampoco dimite –seré fuerte, se dice.- Le pidieron desde el minuto uno la paciencia de Job (soportar cosas perversas) y abrazarse a quienes hoy le odian para no traicionarse a sí misma, a su compromiso, al partido. Admiro su resistencia que terminará por el odio. Y por el rencor, que carcome.
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