ANTETÍTULO: PERFILES
TÍTULO: Porfiri Petróvich
RAMON BELLO SERRANO
Falta autoridad moral. Albert Rivera propone un nombre de consenso. Con la finalidad de evitar el rencor y el odio mutuo –el odio lo principió Sánchez con modales propios de un cochero.- Dostoievski seduce por la arquitectura del diálogo y su dimensión moral –su dimensión anagógica o de redención.- Por ello de las conversaciones entre el príncipe Valkovski e Iván Petrovich en Humillados y ofendidos, hay algo más que un apunte de amoralidad, se anuncia ya el hombre terrible, de profunda maldad y pervertimiento moral, Ivanóvich Svidrigáilov, que dará pie al renacimiento moral, por el sufrimiento, del asesino Rodión Raskòlnikov, en Crimen y castigo –mejor los diálogos con Svidrigáilov, sin obviar al evangélico instructor Porfiri Petróvich. Odio y rencor. En qué vale un gobierno donde hay dos hombres que se detestan y odian con afán. Pedro Sánchez (<<tengo el alma llena de escorpiones>>. Macbeth.) y Mariano Rajoy (<<qué tonto agregó agua al mar>>, PS. Tito Andrónico). Valkovski y Svidrigáilov (los Conde, los Pujol) han vivido de largo acuñando crédito moral, crédito que terminó ser casi una violencia (toda una violencia, al menos lingüística, hemos sufrido en el régimen que se acaba –inició su desmorone en palacio y ya fue amistando otras circunstancias y magistrados variados, no menores) que ha dado paso, precisamente a esto, a la falta de autoridad moral. El sacrificio y el dolor que conlleva la autoridad moral (pues la autoridad de este tipo no es la pura beneficencia de Francisco o la milicia reducida a una asociación recreativa cuanto no benéfica) sólo puede remanecer desde abajo, del trabajo sordo y cotidiano de Porfiri (el instructor que defiende, como un deber, el valor moral). Sin ese trabajo la deuda de la ambición será difícil recobrarla. Un nombre de consenso. El de mayor consenso no podría –Felipe VI.- Pero si no hay autoridades –las hay- lo terrible es desatender los principios, los altos valores constitucionales –de ahí la importancia del magistrado- que se ciñen al Preámbulo como la gran ofrenda votiva que pudo ser y prosperar. O nos redime el duelo o los Valkovski y Svidrigáilov acaban con todo.
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