viernes, 9 de septiembre de 2016

ANTETÍTULO: PERFILES TÍTULO: Albert Camus RAMÓN BELLO SERRANO Rafael Hernando fue jaleado en Génova. Los cronistas parlamentarios, sin excepción, dieron la victoria a Rajoy –una victoria que vale muy poco, cierto, pero las victorias en el foro son distintas y distantes, lo son en el momento- coronada por una larga cambiada de Hernando. A Hernando le perdonan pocas cosas –y eso lleva ganado, a Rajoy no le perdonan nada- y Rafael con ese deje destemplado vino a decir lo que no puede decirse desde el partido mayoritario. Que los becarios van demasiado aprisa y que confunden la política con el poder –los profesores ya están muy vistos para desilusión del alumnado-y que hay que saber ganar, desde luego, pero el saber ganar implica el haber perdido alguna vez –de ahí la medida.- Si Sánchez estuviera en la posición de Rajoy y Rajoy no se abstuviere a Rajoy le dirían lo que Iglesias estuvo a punto de decirle en el debate. Le dirían poco menos que fascista, que esperaba ganar arteramente lo que perdió en las urnas y que, naturalmente, España le importaba muy poco. O nada. Los políticos pisaverdes hablan de “hacer pedagogía”. La pedagogía es cristalina: la derecha española viene manchada por la dictadura franquista y esa mancha, como un sacramento venal, le persigue y le perseguirá siempre. Doble vara: lo que hace Sánchez puede ser un error pero es legítimo. Lo que pretende Rajoy (armar un gobierno en minoría mayoritaria) es corrompernos a todos, incluidos los votantes, que solventan las responsabilidades políticas cuando votan libremente. Estas cosas Hernando las tildó como injustas, perversas, codiciosas, de contienda, de altanería y fanfarria, en su epístola a los asustados diputados de Sánchez, deseosos de abstenerse para asegurarse su pan cuatro años. Y esa epístola –tan difícil cuando se cierra el debate desde la bancada del partido que sustenta al gobierno en funciones- es de una sencillez clara. Es una falta de respeto a los españoles que han votado mayoritariamente a Rajoy en dos ocasiones –a Rajoy y no a otro.- Allí donde hay desprecio hay fascismo, aunque temo que los profesores y los aseados becarios, sepan poco o nada del viejo Albert.

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