ANTETÍTULO: PERFILES
TÍTULO: César Luena
RAMÓN BELLO SERRANO
César Luena, de garganta seca, terminó por abrazarse a Tarás Bulba, en la hoguera prendida por un patriota. Los patriotas como Page y Vara se quedaron en asombro tras el ucase editorial de El País –un editorial que ya está en la historia de España- y España asiste aquietada y suspensa al incendio que pretende apagar con honor el último de los hombres de Estado, el hombre que gallardamente soporta el odio, menos seco, pero también odio, es hombre viejo, como nosotros y ustedes, mayores de 45 años, quizá seamos esclavos e ignorantes gallegos, votantes de la división de plata, electores mediados por la espada de fuego que decapita en las manos de Bescansa, pero fue y sigue siendo de los nuestros, era toda una monarquía barroca, el patriota que mira asombrándose al odio pero el odio alimenta al odio, el odio arma nuevas caballerías, abroga la democracia representativa en el hedor y aliento negro del odio. Y le mira a Felipe, el odio, desde la tea obscura prendida en un diluvio de delirios, despojado de toda paz y entereza, así es el odio, así mide el odio, todo lo arruina el incendio, todo lo abrasa, excepto al odio mismo, que vela la mirada de Sánchez –todo empezó en un debate y en un insulto que era semilla- y que ha quedado como prendida en el mirar de Luena, 2 años contaba (menos de 45) cuando Felipe González armó una España digna, no necesitó a Bolívar, “y las madres lo enseñan a sus hijos / infundiéndoles fe y amor intenso / a lo grande, respeto a los valientes / que luchan por las caras libertades”, al Bolívar cierto de Rubén Darío, no al de los profesores que discriminan el sufragio del gallego esclavo, le bastó con un adarme de genio, de político de altura, quizá mañana esté presente en el funeral de otro grande en Judea. Un patriota. Tarás Bulba alquimia el odio en la arteria palpitante y ya descubierto, dispara a la pupila a Luena, ya no hay remedio, el odio se siente, es visible, y como la vergüenza hiede, quizá César Luena tras el fuego pueda hacer lo que el odio jamás quiere, mirar y decirse: el fuego sobra. Aunque el poste siga ardiendo matando el ideal de pronto, “con tu hocico diabólico, el duelo y espanto”.
viernes, 30 de septiembre de 2016
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