viernes, 6 de enero de 2017

ANTETÍTULO : PERFILES
TÍTULO:  Francisco Umbral
RAMÓN BELLO SERRANO
Ya nadie habla de Umbral, me decía mi padre hace bien poco, sin duda
el mejor prosista del siglo XX,  tuvo la mala suerte de morirse el
mismo día que un  futbolista, Antonio Puerta, escribiste, muerte
súbita, yo recuerdo que mi padre fue el primero que me habló de
Umbral, recortaba sus columnas de periódico, y hoy terminé de
revisitar La noche que llegué al Café Gijón, en casa de mis suegros,
en la mesilla de noche de la habitación de María Engracia, en Hellín,
hay una comanda pagada de dos menús del Gijón, 3.000 pesetas fueron, a
modo de separa páginas, una tarde que acompañé a mi padre al Consejo
General de la Abogacía, a dos pasos del Gijón, de un ejemplar que mi
padre firmó como suyo en Ciudad Real, el 10 de noviembre de 1978,
tercera edición en Destino, muchas ediciones para Umbral, le dije a mi
padre hace unos meses, supongo que remanecerá, no como los escritores
de caudal y sí como el articulista categórico, empleado en la ráfaga
de tiempo, el tiempo que se dispone para escribir la crónica, no más
de una veintena de minutos, como un soneto, un soneto es una sola
puñalada de la luz, nos gustaba esa definición tan umbraliana, los
grandes columnistas eran lirismo, en Umbral hay un poeta
extraordinario, has visto, me comentaba en ocasiones mi padre, has
visto que su columna de hoy son sonetos encadenados, endecasílabos y
alejandrinos, te fijaste bien, son alejandrinos, me decía mi padre con
el mirar brillante, supongo que el mismo mirar con el que acotaba
párrafos y nombres de ese libro, el del Café Gijón, ayer seguí con los
dedos cómo había escrito “vejez”, en la página 145, y pude sentir el
pulso como fueron trazadas las letras, yo anoto igual, a lápiz, por
eso tengo mis libros, éste libro de Umbral ha sido una excepción, mi
Proust tardío no son los tomos anotados de mi padre, necesito mi
espacio propio,  le dije, pero otras dos excepciones las hubo,
espléndidas, tal y como gustaba decir mi padre, Spengler y Toynbee,
dos propagandistas alemanes le dije venenosamente, le miré como
cerraba un libro de poemas de Joaquín Sabina, Umbral es mejor, pero
Sabina es muy bueno, y ya nos callamos, aunque reímos un rato.

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