ANTETÍTULO: PERFILES
TÍTULO: Benedicto
RAMON BELLO SERRANO
Francisco I dice que Benedicto XVI “hace teología de rodillas”. Despacha Francisco I los XVI tomos de Ratzinger con esa alegría tan propia y populista. Vivimos tiempos populistas (que no populosos) en el concierto de las repúblicas y Roma lidera, de manera sorprendente, ese esprit de vie tan novedoso y liviano, que anuncia desastres. Ocurre, desde siempre, que el hombre retoma la belle époque y cree que los benefactores de la humanidad arribarán a un puerto novedoso y adánico, pero todo sin un rasguño, de manera indolora, a lo sumo las condolidas rodillas del papa alemán. No digo yo, reajustando una idea de Stendhal, que haya de pasarse el tiempo en el arte de plantear los pormenores teológicos de San Esteban. Indulgencia y severidad son naturales en el tiempo tan singular del papado. Gregorio XIII lo permitió todo en Roma, hasta el apuñalamiento, pero no la inmodestia excesiva. Y al otro lado del tablero, como nos recuerda Stendhal en Los Cenci, el gran Sixto V, “del cual se ha dicho, como del emperador Augusto, que habría sido preciso que no viniera nunca o que durara siempre”. La efusividad del Papa ha llegado al extremo del populismo tratando al teólogo de "un abuelo sabio que vive en casa". El alemán que va muriéndose poco a poco hizo un pequeño descanso junto al antiguo maoísta Peter Seewald, que tanto ha hecho con Sal de la tierra, Dios y el mundo, y, ahora, con el testamento dictado y conversado de Ratzinger, Ultime conversazioni. De las muchas impresiones que esperan los lectores (renuncia e intriga) lo simple atesora siempre más que lo oculto. “Un hombre inesperado en la víspera del cónclave.” Un hombre improvisado, al que no se le espera –pero no se renuncia y se pasa a la historia a costa de un imprevisto- y que pronto ha resumido la alta crítica, la llama gótica que hoy se va apagando, el sabio acento cristológico, las altas naves listas, como un desgaste de rodillas del abuelo retirado. Ni siquiera la fe del carbonero, el fideísmo, ya que no el hecho de que Saulo aprobara la muerte de Esteban, mejor un abrazo shakesperiano: “bien está todo lo que bien acaba”. Aunque el tiempo parezca adverso.
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