PERFILES 23 DE JULIO
ANTETÍTULO: PERFILES
TÍTULO: Ana Pastor
RAMÓN BELLO SERRANO
Conocimos a Ana Pastor en el hotel Wellington. Fue una cena espléndida. José Luis García Navarro, Elvira, María y yo. Ana Pastor era la favorita en las apuestas del sentido común –si Rajoy hubiese decidido (ahora ya no) hacerse a un lado- muy por arriba del gallo Margallo. Su elección ha propiciado, de manera inmediata, la calma y el recomponerse el congreso de tanta charanga y camiseta reivindicativa. Siempre que en casa hablábamos de Ana Pastor recordábamos la cena del Wellington. Y a José Luis. Con José Luis García Navarro me pasó algo que entonces me parecía singular –pero hoy ya no me sorprende.- Cuanto más apego le tuve más desapego sentí del tartufismo inconmovible y confeso de otros. El deletéreo poder del exhibicionista contrastaba (y contristaba) con la fidedigna cercanía de José Luis. Esa cercanía la percibimos (y se percibe ahora) el día que conocimos a Ana Pastor –una noche curiosa donde la esposa de un ministro padecía un momento gallináceo- y yo llevaba una corbata anaranjada que siempre me anudo en recuerdo de José Luis. Y de Elvira. España ha tenido suerte. Es muy arriesgado decir siempre que no con Pastor presidiendo –su primer despacho con el rey (Felipe es cada día menos Felipe y más rey) transmitía la cercanía del empezar a trabajar desde ya y con empeño- y la política recuperará ductilidad y nos alejará de los falleros, caso del señor Sánchez o de los profesores vanidosos –también de los corruptos populares que tienen como un deje muy valenciano y de paella.- De José Luis cobramos muchos. Y otros muchos callaron. Es difícil no sentir dentera al consultar la memoria y pasear las avenidas desagradecidas y las banderías de frivolidad indecente. Ana Pastor parece cierto dique (es difícil contenerlo todo) frente a la desvergüenza hilarante de algunos o los prometedores integristas de Iglesias. Cuando iba a Barcelona por la alta velocidad y a fomentar su ministerio desnudaba ese falangismo peligroso del president Mas por su mesura. Sobrevivimos muchos. Hasta sobrevivió una corbata que me regaló JL en una comida a solas donde nos sinceramos a escuadra. Y cartabón.
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