PERFILES 16 JULIO 2016
ANTETÍTULO: PERFILES
TÍTULO: Olvido Hormigos
RAMÓN BELLO SERRANO
Era el suegro. Apareció de improviso, a nuestra derecha, en un movimiento destemplado, la camisa abierta y a cuadros, gastada, una cadenita dorada anudada al cuello sudado, traslucían los tirantes de una camiseta blanca, en un movimiento rebelde al golpe de gracia, la boca abierta y cariada, los dedos cruzados de ampollas, derechos a la cámara de televisión para evitar lo inevitable. El deshonor y el escarnio. La pobre Olvido Hormigos, ayer concejal de los Yébenes, anima las conversaciones televisadas por entregas. Hormigos le tiene dicho a su marido Jesús su verdad hamletiana (<<Duda de que las estrellas tengan fuego./ Duda de que el sol se mueva./ Duda si la verdad no es mentira./ Pero que yo te amo, no lo pongas en duda.>>) Jesús Atahonero duda y duda, quizá no dude del amor de Olvido, y en ese amar podría dar por buena la mentira evitable con el uso apropiado del silencio. El muy gastado conde Lecquio remanece sin gana alguna retirado del ruido y la concejal Hormigos, como un animal lloroso, se repliega y religa en su esposo, disimulador, huidor de la ira, sin una opinión alta de sí mismo, pero capaz de disimular para sus adentros, olvidando sus desgracias, olvidando las cosas de Olvido. Si las mejores novelas del siglo XIX se hicieron por entregas, Basile, como el editor avispado de antiguo, ha creado en su televisión un género propio, que en manos de un escritor auténtico podría orlar todo un mundo completo de pasiones –mundo entregado y por entregas.- Este bestiario fascinante que, de vez en cuando, se abre en carne tan viva, y que sus personajes defienden como un espectáculo televisivo –como un trabajo cualquiera- se cobra altos precios, caso del suegro de Olvido, cansado del aquietamiento del marido, temblando su cadenita y cruz de oro, que nada sabe de Hamlet o de Basile y atesora un recuerdo viejo del conde en la cama con Mar Flores, en un Interviú, también gastado, como su camisa a cuadros, Interviú de peluquería de caballeros. Las manos ampolladas de uña rota pretenden hacerse con la cámara al tiempo que el redactor ríe y alienta la discordia –regocijo del infierno, en palabras de Luis Vives.
Ramón Bello Serrano
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