viernes, 30 de enero de 2015

​ANTÉTITULO: PERFILES ​TÍTULO: Alexis Tsipiras ​RAMÓN BELLO SERRANO ​Entonces me acordé de Oriana. Quiero decir que toda Oriana está tan presente y su prosa tan ejemplar y combativa en este tiempo. Todo conduce a Oriana. Las matanzas del Estado Islámico ya se prefiguraban en La rabia y el orgullo (era un orgullo maridado en la claudicación y la decadencia) y la muerte heroica de nuestro soldado en Líbano (vivimos en una sociedad desagradecida: ocultamos a nuestros militares que mueren por nuestra seguridad y libertad; y jaleamos a un partido que simpatiza con los griegos que no quieren pagarnos nuestro dinero prestado) actualiza el Inshallah de Oriana. Alexis Tsipiras (qué envidia Cayo Lara, qué envidia, aquél en triunfo y tú como una arcada de cristales rotos) es el típico griego de izquierdas luchador y algo fanático, fuerte, no esa cosa desmayada de Pablo Iglesias, antiamericano y nacionalista extremo y, naturalmente, machista –ese es defecto de cualquiera ideología, pero muy acentuado en el comunismo, también en los falangistas del Líbano- que ha jurado a pecho descubierto, sin corbata y tomando decisiones (son las primeras de vértigo, la excepción a la inevitable regla) que me llevaban al terrible libro de Oriana Fallaci. Era el libro sobre otro griego, también de izquierda radical, su compañero Alekos Panagulis –Un hombre-, el libro que dispone de cien páginas, las primeras, terribles y bellas cien páginas, donde se apura el cáliz del torturado, el desdén por Papandreu (era eso Cayo –no la capitulación) y la política dura –no el ir con la camisa por fuera y el republicanismo de ocasión y las pegatinas y el tuteo al viejo rey como una militancia gastada y antigua y vieja: caspa y sarro.- Todo lo que ocurre hoy en Europa (Occidente: Europa, Norteamérica e Israel) me recuerda a Oriana. Los nacionalismos (también el de Alexis Tsipiras) tan parecidos a los horrores de las dos grandes guerras –incluido, como en los prolegómenos de la Gran Guerra, un vivir aburrido, de espera (tic-tac-tic-tac)- la renuncia y el acobardamiento, el compás de espera (tic-tac-tic-tac) y la indolencia de los intelectuales –a salvo Vargas Llosa, claro- en un mundo (el nuestro) sin remedio, Oriana.

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